Un nuevo eje Colombia–Venezuela: cooperación sin cómplices del autoritarismo

10 de febrero de 2026.

La relación entre Colombia y Venezuela ha sido históricamente estratégica, pero también profundamente distorsionada por el autoritarismo, la corrupción y el uso político de la frontera. El candidato presidencial Abelardo De La Espriella planteó un giro de fondo: construir un plan binacional serio, productivo y transparente, pero con mandatarios legítimos, no con figuras asociadas al régimen que llevó a Venezuela al colapso.

Su postura parte de una premisa clara: no puede haber reconstrucción económica ni cooperación real mientras el interlocutor represente la continuidad del desastre.

Una transición democrática que cambia el tablero regional

De La Espriella sostuvo que el escenario venezolano se encamina hacia una transición democrática plena. De materializarse, ese proceso tendría un impacto directo y positivo en Colombia, no solo en términos políticos, sino económicos.

Venezuela —devastada productiva e industrialmente— necesitará bienes, servicios, alimentos, infraestructura y energía. Todo aquello que hoy no produce deberá importarlo, y Colombia está en capacidad de convertirse en su principal proveedor.

Para el candidato, ese escenario representa algo más que una oportunidad comercial: sería el mayor plan de reactivación económica regional de las últimas décadas.

Venezuela como socio comercial, no como problema exportado

La visión de De La Espriella rompe con el enfoque asistencialista o ideológico. Su planteamiento es pragmático, una Venezuela democrática y en reconstrucción se convertiría en el primer socio comercial de Colombia.

Ese intercambio permitiría dinamizar el agro, la industria, la logística, el transporte, la energía y los servicios colombianos, generando empleo, divisas y estabilidad en las zonas históricamente golpeadas por la frontera.

En sus palabras, sería una “época dorada” para ambos países, siempre que la relación se construya sobre reglas claras y legitimidad política.

El punto más contundente de su intervención fue el límite político. De La Espriella fue explícito al afirmar que no se sentaría a negociar con representantes del autoritarismo venezolano, en particular con Delcy Rodríguez, a quien asocia con el aparato que destruyó las instituciones del vecino país.

En contraste, señaló que una relación seria sólo es posible con liderazgos democráticos como María Corina Machado u otros actores que representen una ruptura real con el régimen.

El mensaje es directo: cooperación sí, legitimación del autoritarismo no.

La propuesta no se limita al comercio. Implica reconstruir la frontera desde la legalidad, desmantelar las economías criminales que hoy operan en ambos lados y recuperar la dignidad de la política exterior colombiana.

Un nuevo eje Colombia–Venezuela, construido con mandatarios legítimos y reglas claras, no solo sería posible: sería uno de los motores centrales de la recuperación económica y geopolítica del país.

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