La autoridad sin revancha: el liderazgo que propone Abelardo De La Espriella

10 de febrero de 2026.

En un país marcado por la polarización, el resentimiento y la idea equivocada de que gobernar es ajustar cuentas, el candidato presidencial Abelardo De La Espriella lanzó una definición que reordena el debate político, el poder no existe para vengarse, existe para proteger. En una de sus intervenciones más reveladoras, el candidato presidencial dejó claro que su liderazgo no se construye desde la revancha, sino desde la autoridad legítima y la concordia institucional.

“No vengo a vengar nada”, afirmó al marcar una línea nítida frente a la política del odio que ha dominado buena parte del discurso público en los últimos años.

Gobernar no es pasar factura

De La Espriella fue explícito al señalar que incluso quienes hoy se identifican con el petrismo tendrán espacio en un proyecto nacional serio. No como concesión ideológica, sino como ejercicio de liderazgo real.

Para el candidato, un país fracturado no se recompone excluyendo ni persiguiendo. Se recompone demostrando que es posible trabajar juntos bajo reglas claras, en beneficio del interés general. Esa postura rompe con la lógica binaria amigo–enemigo que ha degradado el ejercicio del poder en Colombia.

El mensaje es directo: la autoridad no se ejerce desde el rencor.

Uno de los conceptos más potentes de su intervención fue la metáfora de la espada. Para De La Espriella, la fuerza del Estado no está diseñada para cortar cabezas, sino para defender al pueblo.

En un país donde el lenguaje político ha sido usado para normalizar la violencia verbal —y en ocasiones algo más—, esta aclaración tiene un peso institucional profundo. El uso del poder, insiste, debe estar siempre limitado por la Constitución y la ley.

No hay lugar para arbitrariedades, ni para vendettas disfrazadas de justicia.

Rectificar también es liderazgo

El líder del movimiento Defensores de la Patria reconoció que una expresión suya generó incomodidad y decidió retirarla. Sin rodeos. Sin victimización. Sin doble discurso.

“Si no les gusta, la retiro”, dijo, explicando que su intención jamás fue incitar a la violencia, sino referirse a la confrontación política dentro del marco legal. Y añadió algo aún más significativo: pidió excusas sin dramatizar el acto.

En un escenario donde muchos líderes prefieren escalar el conflicto antes que corregir, esta actitud refuerza una idea central: liderar también implica saber rectificar.

Constitución, ley y concordia

El núcleo de su planteamiento es institucional. Todo ejercicio de autoridad —incluida la lucha contra la corrupción, el crimen o los abusos del poder— debe darse dentro del marco constitucional.

No por debilidad, sino por fortaleza. Para De La Espriella, solo un Estado que respeta sus propias reglas puede exigir respeto a los ciudadanos. Cualquier otra cosa deriva en autoritarismo, incluso cuando se justifica con buenas intenciones.

Por eso insiste en la necesidad de cohesionar al país, no de profundizar sus grietas.

Porque gobernar no es castigar al adversario. Es defender a la nación.

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