21 de noviembre de 2025, 04:25 pm — Redactado por: Gineth Gómez
Una pregunta incómoda que llevó a una mea culpa necesario
En su conversación con La Emisora MIX, Abelardo De La Espriella tomó un giro inesperado: él mismo planteó la pregunta que lo llevaría a uno de los momentos más sinceros de la entrevista. “¿Alguna vez he hecho una broma que no debí hacer?”.
De La Espriella abrió la puerta para aclarar un episodio que, durante años, ha sido manipulado por sectores que buscan desacreditarlo. Y también fue él quien la respondió: “Sí, eso me salió a mí”.
Así comenzó a explicar un error antiguo, una broma desafortunada que terminó convertida en munición política.
Hoy admite que fue un error, un chiste que jamás debió decir. No solo porque nunca lo hizo, sino porque va en contra de algo que sí es profundamente cierto en su vida: ama a los animales.
Hace trece años participó en el programa de entrevistas de Suso Show y le dijeron que Suso era “montador, pero animalista”, y en medio del ambiente cómico quiso sumarse a la dinámica con una exageración. El humorista se descompuso, el ambiente se volvió incómodo y la “broma” lo persiguió desde entonces para alimentar titulares malintencionados.
“Fue una morisqueta. Un mal chiste que me salió al revés”. Así lo calificó, reconociendo su responsabilidad sin buscar excusas.
La diferencia es que, a pesar de que ese comentario jamás correspondió a un comportamiento real, fue usado durante años para señalarlo injustamente. Por eso la aclaración era necesaria. Pero más que aclarar, lo que hizo fue mostrar pruebas.
La verdad: un hombre rodeado de animales, que los cuida y los protege
No se quedó en el discurso. Abelardo sacó el celular en plena entrevista y enseñó fotos de su hija con los gatos de la familia: Cuatro gatos en Colombia, uno fuera del país, perros, una cotorra, gallinas. Un hogar que siempre ha estado lleno de animales.
Y no solo eso: desde hace años apoya económicamente una fundación dedicada al rescate de perros y gatos de la calle.
En coherencia con su amor por los animales, el líder de Defensores de la Patria recordó que con su marca de café Hope, que vende desde su página, dona sus ganancias a esa causa.
De La Espriella no lo contó como una defensa, sino como un hecho: siempre ha ayudado, siempre ha apoyado, siempre ha protegido. No por campaña, por convicción.
Lo que quedó claro en la conversación es que el error de la broma no refleja su verdadera relación con los animales. Él mismo lo cerró así: “Hoy aprovecho el espacio para ratificar mi amor y mi respeto por los animales. Esa es la verdad”.
La protección animal no es una moda. Es un valor que atraviesa la vida familiar de De La Espriella, Su esposa, sus hijos, sus mascotas, sus acciones y su vinculación constante con fundaciones lo demuestran.
Y es importante destacarlo porque en Colombia el maltrato animal es un tema sensible y serio. Un líder político no puede banalizarlo. Por eso su reconocimiento público del error —sin sarcasmo, sin excusas, sin rodeos— fue un acto necesario en su extrema coherencia.
Más allá del escándalo: la humanidad detrás del candidato
Lo que dejó la entrevista no fue el eco de un chiste viejo, sino la imagen de un candidato que tiene la madurez para reconocer que se equivocó, aclarar los hechos y mostrar su vida real como respaldo.
El país está acostumbrado a líderes que jamás admiten un error. Que justifican, relativizan o tiran la culpa a terceros. Aquí ocurrió lo contrario: la transparencia vino acompañada de evidencia, afecto familiar y acciones concretas de protección animal.
Esa sinceridad revela algo más profundo que la anécdota: la humanidad detrás del tigre.
Un hombre que puede ser firme en política, frontal en debate, pero cercano y sensible cuando se trata de animales, familia y valores.
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