21 de noviembre de 2025, 04:25 pm — Redactado por: Gineth Gómez
Una respuesta breve, contundente y que revela su propósito
En la entrevista con La Emisora MIX, el periodista le lanzó una pregunta que cualquier candidato temería por su dimensión histórica: ¿Cómo quisiera ser recordado después de cuatro años como presidente de Colombia?
La respuesta de Abelardo De La Espriella no vino disfrazada de metáforas ni adornada de falsas humildades. Fue directa, sin titubear: “Quiero que me recuerden como el reconstructor de la patria”.
No habló de ser “el más querido”, “el más popular” o “el más aplaudido”. Habló de reconstrucción: un verbo que exige valentía, sacrificio, austeridad, liderazgo y, sobre todo, resultados. Porque reconstruir no es administrar. Reconstruir es rehacer lo que otros destruyeron.
El precandidato presidencial dejó claro que su objetivo no es perpetuarse en el poder, ni vivir de la política, ni convertir la Presidencia en una carrera personal. Todo lo contrario, su visión es servir y luego retirarse para siempre.
Dijo sin rodeos que, al terminar su mandato, se apartará por completo de la vida pública, de los micrófonos y de las redes sociales.
“No volveré a dar una entrevista”. Esa frase, en un país donde muchos políticos viven aferrados al protagonismo, marca distancia.
El líder de Defensores de la Patria fue enfático, cumplirá una misión y desaparecerá de la escena pública con la conciencia en paz. Una postura que recuerda cómo los grandes estadistas del mundo entendieron que el poder es un encargo, no una propiedad.
Ejercer la presidencia con decoro, honestidad y patriotismo
La promesa central es tan simple como poderosa: ejerce la Presidencia con decoro, honestidad y patriotismo, o mejor no la ejerzas.
De La Espriella subrayó que su mandato será guiado por: decoro, para dignificar la institución presidencial, honestidad, para dejar atrás décadas de corrupción normalizada, patriotismo, para que las decisiones se tomen pensando primero en Colombia y convicción profunda, para llevar al país al lugar de grandeza que ha perdido y que merece recuperar.
Y dejó claro que, si un país está fracturado, lo único que lo salva es un liderazgo que reconozca el problema y se comprometa a arreglarlo sin excusas.
Cuando afirmó que llevará a Colombia “al sitial de grandeza que se merece”, no se refirió a una nostalgia vacía. Se refería a una reconstrucción material, ética, económica y moral, la reconstrucción de: la seguridad, hoy desbordada, la economía, hoy en ruinas, la institucionalidad, hoy corroída, la moral pública, hoy degradada y la confianza nacional, hoy hecha trizas.
El país no necesita maquillaje. Necesita cirugía profunda. Y ese es el corazón de su propuesta: ser el presidente que reconstruya lo que la improvisación, la corrupción y la negligencia destruyeron.
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