Durante una entrevista en Blu Radio, Abelardo De La Espriella dejó claro que su proyecto no nace de acuerdos coyunturales, burocráticos ni electorales, sino de algo mucho más profundo: principios y valores fundacionales. En un país acostumbrado a coaliciones por conveniencia, el precandidato presidencial se encargó de marcar distancia: “No se trata de acuerdos políticos ni burocráticos. Esto es un tema de principios”, afirmó.
El mensaje fue contundente y dirigido a quienes todavía intentan leer su ascenso como una jugada calculada dentro del ajedrez de partidos. No lo es. Su campaña se sostiene en la defensa de aquello que, según él, ha sido traicionado: la familia, la institucionalidad, la seguridad, la moral pública y la fe.
El precandidato presidencial destacó con especial gratitud la adhesión de Salvación Nacional, movimiento inspirado en el legado del doctor Álvaro Gómez Hurtado. “Salvación Nacional me representa y yo represento a Salvación Nacional”, dijo con orgullo.
No lo presenta como una alianza electoral, sino como una continuidad natural de un ideario. Insolencia cívica ante la corrupción, respeto por la Constitución, orden institucional y sentido profundo de Patria.
Pero además fue claro en un punto: que lo apoye Salvación Nacional no es un gesto político, sino un acto de coherencia histórica. No hablaba desde la necesidad de sumar, sino desde la convicción de que “las banderas de Álvaro Gómez siguen vivas en esta causa”.
En la misma línea, el líder de Defensores de la Patria, aseguró que comparte y representa el ideario de la seguridad, la defensa de la fuerza pública, la lucha frontal contra el crimen y fortalecimiento del Estado son puntos centrales que los unen.
Pero enfatizó —y lo remarcó— que no está buscando “repartijas”, ni acuerdos por debajo de la mesa, ni favores políticos. Los aliados naturales de su campaña lo son porque defienden los mismos valores, no porque estén negociando participación.
Los valores fundacionales que definen a los aliados naturales
El precandidato presidencial explicó cuáles son los valores que defiende y que sirven de frontera para saber quién es un aliado natural y quién no. Son valores que, según él, representan “el alma de la colombianidad”:
- La familia como núcleo fundamental.
- La lucha frontal contra la criminalidad, con una fuerza pública empoderada y respetada.
- La recuperación del sistema de salud, destruido por improvisaciones ideológicas.
- La fe en Dios, como base espiritual de buena parte del pueblo colombiano.
- Oportunidades reales para los jóvenes, no discursos vacíos.
- Cierre de la brecha social, que hoy condena a millones.
- Una economía fuerte, productiva, que premie el trabajo y no la informalidad forzada.
Quien comparta esos pilares —afirmó— es bienvenido. Quien no, sencillamente no tiene un lugar en su proyecto.
La única línea roja: el pacto con el caos
Pese a su llamado amplio a la unidad, De La Espriella dejó un límite claro, que en Blu Radio repitió sin titubeos: “Todo el mundo es bienvenido, excepto Gustavo Petro y sus cómplices en la destrucción de Colombia”.
No se trata de enemistad personal. Es un límite programático: no puede haber unidad con quienes, según él, destruyeron la salud, abandonaron la seguridad, atacaron a la fuerza pública y fracturaron la institucionalidad.
La alianza que propone no es para administrar lo existente, sino para recuperar la República.
En la entrevista, De La Espriella invitó a todos los movimientos y ciudadanos que defiendan esos valores a sumarse a Defensores de la Patria. No para un pacto electoral, sino para un pacto moral y nacional.
“Si defendemos los mismos valores fundacionales, aquí todo el mundo es bienvenido”, dijo.
Esa frase, sencilla, resume lo que busca: una alianza para proteger a Colombia, no para repartirla.
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