El líder natural de Defensores de la Patria, Abelardo De La Espriella, volvió a demostrar que el trabajo, la planificación y la disciplina son los verdaderos cimientos del progreso. En apenas seis semanas, logró vender 40 de los 53 apartasuites de lujo que lanzó en la Zona T de Bogotá, confirmando su instinto empresarial y su compromiso con la productividad nacional.
De la palabra a los hechos
Abelardo De La Espriella no solo habla de productividad, la encarna. Con serenidad y convicción, compartió los resultados de su más reciente proyecto inmobiliario: “He vendido en un mes y medio 40.000 millones de pesos en apartamentos”. No es una cifra más; es la evidencia de un modelo de trabajo basado en la constancia, la estrategia y la confianza en el país.
Mientras muchos ven en el Estado una fuente de dependencia, De La Espriella defiende el esfuerzo individual como motor del desarrollo: “Nunca he dependido del Estado, nunca he tenido un contrato público”, afirma. Su éxito, insiste, proviene del trabajo, la visión y la disciplina: los mismos valores que quiere llevar a la gestión pública.
En su rutina diaria, combina su rol de precandidato presidencial con el de empresario activo: revisa proyectos, coordina equipos y mantiene una obsesión constante por producir resultados. “Cuando no estoy en reuniones con Defensores de la Patria, saco mi lista de negocios: reviso cómo van los proyectos en Bogotá, en Miami, en Italia”, explica.
Para él, la verdadera transformación del país pasa por trasladar la eficiencia del sector privado al Estado: “El Estado no funciona porque lo manejan personas que no saben producir riqueza. Hay que traer los métodos del sector privado al público para hacerlo más pequeño, más efectivo y útil para la gente”.
Hacer patria a través del trabajo
Detrás de cada empresa exitosa, De La Espriella ve una forma de servicio. Su filosofía es clara: trabajar es una manera de amar a Colombia.
Por eso su discurso trasciende la política; se trata de inspirar a los ciudadanos a creer en su capacidad de crear, producir y construir.
Abelardo De La Espriella no espera que el país cambie: trabaja todos los días para demostrar que sí se puede construir patria desde la productividad.
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