En conversación con Farid Naffah, Abelardo De La Espriella, líder natural de Defensores de la Patria, reivindica el carácter del Caribe colombiano: un liderazgo que combina determinación, empatía y alegría.
“Hay gente que confunde seguridad con arrogancia”, afirma Abelardo con la naturalidad de quien no pide permiso para ser él mismo. Su seguridad no es soberbia: es coherencia. Nace de una identidad sólida, forjada en los valores del Caribe, donde la palabra pesa, la mirada vale y la autenticidad se respeta.
“Yo no soy arrogante, soy seguro”, dice con calma. Esa seguridad que tantos interpretan como arrogancia es la que inspira respeto y confianza, dos pilares del liderazgo que propone: un poder civilizado, alegre y con propósito.
El alma del Caribe
El ‘Tigre’ reivindica el valor de su tierra y de su gente: “El hombre del Caribe tiene el pueblo en el corazón y el mundo en la cabeza”. Ese contraste define su visión de país. El Caribe —dice— enseña a liderar con el corazón abierto y la mente despierta, a combinar la firmeza del carácter con la calidez del alma.
Desde esa raíz, De La Espriella propone una Colombia menos rígida y más humana, donde la política recupere el sentido de cercanía y alegría que alguna vez tuvo el liderazgo criollo.
“El Caribe tiene su flow”, explica. Un estilo que mezcla autoridad con ritmo, humor con inteligencia, carácter con empatía.
El precandidato presidencial defiende esa identidad con orgullo: la del hombre que puede estar en una cena elegante y, tres días después, compartir una cerveza con los trabajadores de su finca. Porque la verdadera grandeza no está en la distancia, sino en la cercanía.
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