Hay una magia que recorre la costa, un ritmo que hace que la vida se sienta más ligera y auténtica: el sabor Caribe. Y es justo en ese espíritu, en esa bacanería que nos hace únicos, donde Abelardo De La Espriella ha forjado su carácter y su visión de un país sin barreras.
Él es un hombre que irradia esa alegría contagiosa, que vive la vida con esa actitud lanzada y ganadora. Y es por eso que entiende una verdad sencilla, pero poderosa, que la gente del interior a veces olvida: en el Caribe, las clases sociales no existen.
Para el líder de Defensores de la Patria, el Caribe es “un mundo aparte, un mundo mágico” donde las fronteras de la raza, de la posición y de la plata, simplemente no existen. En esta tierra, la moneda de cambio es la “bacanería” y la “sabrosura”.
Esto no es teoría, es la vida real. Él se crió compartiendo la mesa con los hijos de los capataces, aprendiendo que en el fondo, todos somos iguales. La gente del Caribe es tan universal que se encuentra en cualquier parte, se goza la vida donde sea:
“Podemos estar en una fiesta elegante en el country y al día siguiente, bailando salsa en La Troja o en una caseta en Repelón”, señaló el precandidato.
El Carnaval de Barranquilla es la prueba viva: es la fiesta donde “todo el mundo se encuentra con todo el mundo”, sin preguntar cuánto tienes en el bolsillo.
Esa capacidad de hacer muchas cosas a la vez y hacerlas bien, con elegancia y desparpajo, es la magia que Abelardo quiere inyectarle a toda Colombia.
Cuando a Abelardo lo atacan o intentan encasillarlo con prejuicios, él sonríe. Sabe que esa crítica viene de gente que “le hace falta conocer un poquito más el Caribe”.
Claro, él es un hombre exitoso, un empresario que disfruta de la buena vida y del buen style. Y lo dice con su gracia inconfundible: “Imagínate, uno feo y de pueblo y mal vestido. Verdad, te llevó el que te trajo”. Él se ayuda con “la ropita, con la percha”, porque entiende que vestirse bien es hacerlo bien.
Pero detrás de la ‘percha’, está el corazón del Caribe: un hombre que no ve divisiones sociales porque sabe que al final de la ecuación, todos vamos al mismo destino. Lo importante es cómo vivimos el presente y, en el Caribe, la vida se vive con alegría, generosidad y sin complejos.
Abelardo trae esa visión a la Presidencia: la de un país donde todos somos iguales ante las oportunidades y donde el valor de una persona se mide por su corazón y su esfuerzo, no por su cuenta bancaria. Un líder que entiende la sabrosura de la vida para gobernar con un espíritu amplio, incluyente y, sobre todo, humano.
Súmate al ejército de Defensores de la Patria y trabajemos juntos por una Colombia más segura, próspera y justa.