Representar a la gente que más lo necesita

20 de noviembre de 2025, 10:45 pm —  Redactado por: Gineth Gómez

En mitad de la conversación con Caro Araujo, surgió uno de los mitos más repetidos por quienes intentan desacreditar la candidatura de Abelardo De La Espriella: que gobernará para las élites y no para la clase media o popular.

Mito que le adjudican a la candidatura de Abelardo: “Representará intereses exclusivos de la élite empresarial”.

De La Espriella no lo evadió, lo destruyó dejando en claro que quienes más sufren la inseguridad, el hambre, la ruina económica y la corrupción no son los ricos, son los olvidados. Y son ellos —no los poderosos— quienes ocupan su preocupación principal.

Los más vulnerables: el centro de su compromiso

“Yo quiero ayudar a la gente que más lo necesita”, afirmó, con una sencillez que contrasta con el discurso clasista que algunos le intentan atribuir. La pobreza en Colombia no es una estadística distante. Tiene rostros: familias sin empleo, niños sin educación, mujeres sin oportunidades y hogares enteros que deben elegir entre comer o pagar arriendo.

El líder de Defensores de la Patria recordó una cifra que duele: 12 millones de colombianos se acuestan cada noche con una sola mala comida. Así lo confirma el Banco de Alimentos de la Guajira, donde hoy, 14 millones de colombianos no tienen asegurada su próxima comida y donde 17.000 niños y niñas sufren de desnutrición aguda. 

Ese dato no es ideológico. Es una tragedia. Una tragedia que se agrava por un Estado que roba la plata de la salud, la educación y los programas sociales mediante la corrupción.

“No hay nada más cruel —dijo— que ver a la gente sin comida mientras otros se roban el país”.

Sin empresarios no hay futuro: una verdad que nadie quiere decir

La parte más honesta de su explicación fue quizá la más incómoda para el populismo: para ayudar a los más pobres hay que garantizar que los empresarios produzcan. No porque el empresario sea intocable, sino porque el Estado no genera riqueza. El Estado sólo genera condiciones. Los que producen riqueza son quienes trabajan, emprenden, se arriesgan, crean empleo y pagan impuestos.

“Yo soy empresario también”, dijo, recordando que entiende lo que significa iniciar desde cero. Y fue directo: si los empresarios están perseguidos, asfixiados o en quiebra, los pobres quedan sin empleo, el país queda sin recaudo, y los programas sociales quedan sin financiamiento.

Por eso insistió: “Para ayudar a los pobres, hay que garantizarle estabilidad jurídica y libertad económica a quienes generan riqueza”.

Su visión de gobierno no se basa en “clientelas” ni en “mermeladas”. Se basa en un simple orden moral: primero la gente que más sufre.

De La Espriella dejó claro que los programas sociales sí deben existir, pero deben financiarse de la riqueza producida por una economía sana, no por endeudamiento, improvisación o saqueo.

Su compromiso se resume en una sola línea: representar a la gente que más lo necesita, no con discursos, sino con oportunidades reales.

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