Las campañas presidenciales se ganan conectando con el alma de la colombianidad

20 de noviembre de 2025, 10:25 pm —  Redactado por: Gineth Gómez

Abelardo De La Espriella desmontó uno de los mitos favoritos de la clase política: la idea de que las alianzas, los pactos de élite y la “mecánica electoral” definen quién llega a la Casa de Nariño. 

En su conversación con Caro Araujo en Realidades Ocultas, el candidato de Defensores de la Patria fue categórico al decir que ese cálculo está mal hecho desde el origen: “La campaña a la Presidencia es distinta”, explicó. “Esto es un tema emocional. Se trata de quién conecta con el alma de la colombianidad”.

Ahí, en esa frase, se partió en dos la forma tradicional de entender el poder. Porque para él, la Presidencia no es un negocio entre maquinarias, sino un vínculo espiritual con la nación.

Una elección donde el corazón supera a las maquinarias

A diferencia de las campañas a Senado, Cámara o gobiernos locales —donde la maquinaria puede arrastrar votos— la elección presidencial funciona como un fenómeno de consciencia individual.
El precandidato presidencial lo ilustró con claridad: Los políticos pueden llevar a un ciudadano a un puesto de votación, pero a la hora de marcar el tarjetón, ese ciudadano vota por quien le habla al alma.

Ese es el error de cálculo que están cometiendo los viejos profesionales de la política: creer que la Presidencia se gana como se gana una Alcaldía. “Esto funciona diferente y es allí donde están haciendo el cálculo”, afirmó.

El pueblo ya no quiere mermelada ni politiquería

Durante la entrevista, fue rotundo respecto a las alianzas de élite que hoy intentan recomponerse para frenar su ascenso.

“El pueblo colombiano rechaza esas alianzas politiqueras”, dijo. Y agregó con humor ácido:
“La gente ya no quiere mermelada envenenada”. Un término acuñado por el ex-ministro Juan Carlos Echeverri quién lo utilizó como una analogía para explicar los beneficios de una reforma constitucional que por esos días se tramitaba en el Congreso de la República, refiriéndose a “repartir la mermelada”.

Esa expresión no solo marcó una posición política, sino una realidad cultural: el país está agotado de los mismos de siempre reciclando discursos, partidos, escándalos y pactos bajo cuerda.

La campaña presidencial —explicó De La Espriella— es una batalla moral, no una subasta política.

El líder de Defensores de la Patria insistió en que las presidenciales no responden a la lógica del clientelismo. Es un proceso íntimo. Profundamente emocional, determinado por los valores que cada colombiano lleva dentro: familia, fe, orden, respeto, rechazo a la corrupción, anhelo de un país seguro y digno.

Por eso su lectura es tan diferente a la de la clase política tradicional: el voto presidencial no depende de contratos ni de burocracia, sino de conexión moral.

Conectar con el alma de la Colombianidad: El factor decisivo 

“Se trata de quién conecta con el espíritu y los anhelos de los colombianos”. Con esa frase, De La Espriella definió el núcleo de su estrategia y su diagnóstico del país.

Esa conexión —afirmó— no se construye con plata ni con operadores políticos. Se construye con autenticidad, virtud y coherencia.

La verdadera competencia no es entre campañas. Es entre quien representa el alma del país y quienes representan lo que Colombia quiere dejar atrás.

Los viejos políticos pueden moverse de partido en partido, hacer alianzas o disfrazarse con nuevos colores, pero no pueden comprar lo que él sí tiene: conexión emocional, narrativa moral y resonancia espiritual con el pueblo.

Porque al final —como lo dijo él mismo— la elección presidencial se define por preguntas básicas: ¿Quién toca el corazón de Colombia? ¿Quién interpreta su espíritu? ¿Quién la inspira a levantarse?

Y ese, dijo sin vacilación, es el liderazgo que él está construyendo.

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