10 de diciembre de 2025, 10:30 am
Durante su conversación con Equipo 10AMPRO, Abelardo De La Espriella entregó una tesis contundente sobre el deterioro diplomático entre Colombia y Estados Unidos: no es una fractura entre naciones, ni un choque de modelos económicos, ni un distanciamiento cultural.
Para él, es un daño personal y deliberado generado por el actual gobierno.
La tesis es sencilla y políticamente explosiva, Washington no tiene un problema con Colombia; tiene un problema con Petro.
El distanciamiento surgió porque el presidente colombiano decidió instalar un discurso antioccidental y un alineamiento ideológico con regímenes autoritarios del hemisferio. Eso erosionó décadas de confianza estratégica y colocó a Colombia, tradicional aliado de EE. UU., en el bando de gobiernos que ven a las democracias liberales como enemigos.
Por eso, De La Espriella afirma sin titubear:“Apenas este sujeto despreciable de Petro salga del gobierno, eso se arregla”. En su visión, la crisis diplomática no es estructural. Es coyuntural y reversible.
El día después: una recomposición inmediata
A diferencia de quienes imaginan que reconstruir el vínculo con EE. UU. requerirá años de trabajo técnico, el candidato presidencial plantea que la normalización será inmediata. No porque el problema sea simple, sino porque la raíz del conflicto es identificable: un gobierno que ha despreciado la institucionalidad democrática, que ha deteriorado la seguridad interna y que ha transmitido señales de desconfianza a sus aliados.
De La Espriella sostiene que, retirado ese obstáculo, Washington interpretaría una nueva administración como el regreso a la estabilidad y al orden estratégico que históricamente caracterizó la alianza bilateral.
Para él, Estados Unidos sigue queriendo a Colombia como socio, pero espera un liderazgo con el que pueda cooperar sin tensiones ideológicas.
Ese contexto le permite afirmar que un eventual gobierno suyo generaría una lectura positiva inmediata en Washington: un giro hacia la seguridad, la economía libre de mercado, la cooperación en la lucha contra el narcotráfico y el restablecimiento de la confianza institucional.
Y lo resume con una frase que ya ha hecho carrera: “El día de mi elección, una llamada con el tío Donaldo y mejor se daña, como decimos en el Caribe”.
No se trata de humor gratuito, sino de una tesis: para EE. UU., un gobierno firme en la democracia y la seguridad hemisférica es un socio natural.
Seguridad continental: cooperación sin complejos
De La Espriella también abordó la dimensión estratégica del vínculo con Estados Unidos: la lucha contra el narcotráfico.
Criticó que Petro haya debilitado la cooperación, desmantelado la ofensiva contra los cultivos ilícitos y permitido el crecimiento de economías criminales que amenazan a toda la región. Para él, Colombia no puede combatir sola un fenómeno transnacional, y un gobierno responsable debe trabajar de la mano con sus aliados naturales.
Su lectura es clara, la seguridad hemisférica es un asunto compartido, Estados Unidos no pretende interferir en Colombia, sino proteger intereses comunes y la verdadera pérdida de soberanía proviene de la inacción y de la alianza tácita del actual gobierno con estructuras ilegales.
De ahí su insistencia en que la relación se restablecerá en cuanto cambie el liderazgo en Bogotá.
El regreso al orden natural de los aliados
La alianza Colombia–Estados Unidos fue dañada por una administración que decidió confrontar a los países democráticos mientras coqueteaba con dictaduras.
De La Espriella sostiene que, con un nuevo liderazgo, la relación volverá a su cauce histórico, porque lo que plantea no es un simple restablecimiento diplomático, sino una reorientación estratégica después de una desviación momentánea provocada por el gobierno Petro.
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