Diciembre 11, 2025. 09:28 a.m. En medio de una profunda crisis institucional, social y moral, el debate sobre qué tipo de liderazgo necesita Colombia se ha vuelto urgente. Para Abelardo de la Espriella, precandidato presidencial y líder de Defensores de la Patria, la respuesta es clara: un verdadero líder debe inspirar. No se trata solo de administrar, ni de improvisar, ni de sobrevivir políticamente; se trata de encarnar virtudes que eleven a un país entero y lo orienten hacia la grandeza.
De la Espriella ha sido enfático en la necesidad de devolverle al ejercicio del poder un sentido ético, ejemplar y profundamente responsable. Para él, la primera magistratura de la nación debe ser el punto más alto del servicio público, un lugar desde el cual se irradien valores, rectitud y coherencia. Cuando ocurre lo contrario, cuando se proyecta desorden, inestabilidad personal o incongruencia, el daño trasciende lo político y se vuelve cultural, afectando la psiquis colectiva y erosionando la confianza del ciudadano en la institucionalidad.
De la Espriella lo explica con claridad: así como en un hogar los hijos aprenden del ejemplo, un país también observa, internaliza y replica el comportamiento de quien lo dirige. Esa es la dimensión profunda del liderazgo. Y bajo esa premisa, insiste en que Colombia necesita reencontrarse con un modelo de autoridad moral que inspire y oriente, no que confunda ni desdibuje los referentes de convivencia y responsabilidad.
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Liderar desde la virtud: pensar como filósofo, actuar con fuerza y vivir con principios
Para Abelardo de la Espriella, un líder verdadero debe tener tres pilares: la sabiduría del filósofo, las virtudes de un hombre de fe y la fuerza de un gladiador. Es una combinación singular que, según él, define a quienes logran transformar sociedades y conducir naciones hacia estadios superiores de bienestar.
Cuando De la Espriella habla del pensamiento filosófico, se refiere a la capacidad de analizar la realidad con profundidad, de entender las consecuencias de las decisiones públicas y de evitar el cortoplacismo que tanto daño ha causado en Colombia. Un líder, afirma, necesita comprender la historia, reflexionar sobre la naturaleza humana, estudiar, leer y aprender. “Uno no puede pretender liderar si no piensa como un filósofo”, ha dicho.
El segundo elemento es la virtud, entendida como el conjunto de valores que da coherencia y sentido a la acción pública. Aquí De La Espriella ubica el respeto por la familia, la importancia de los principios, la disciplina personal y el valor de la tradición judeocristiana que, según él, ha sido el andamiaje ético de buena parte de la civilización occidental.
El tercer elemento es la fuerza, no en el sentido físico o autoritario, sino como determinación, carácter y capacidad para enfrentar momentos difíciles con firmeza. Un líder, dice, debe tener una resiliencia inquebrantable porque conducir a una nación implica atravesar crisis, presiones y adversidades sin perder el rumbo.
De la Espriella sostiene que estos tres componentes son esenciales porque el liderazgo no es un título, sino un comportamiento observable. Es la forma en que una persona vive, actúa y se relaciona con quienes dependen de sus decisiones. Un liderazgo débil contagia debilidad; uno ético contagia ética; uno coherente contagia coherencia.
Más allá de las diferencias políticas, su planteamiento invita a reflexionar sobre una verdad básica: ninguna sociedad progresa si sus referentes fallan sistemáticamente en su deber de ser modelo para las nuevas generaciones. Recuperar la credibilidad comienza por recuperar la ejemplaridad.
Por eso, insiste en que su visión de liderazgo, formada por estudio, experiencia y disciplina, es una propuesta para reconstruir el tejido social desde arriba hacia abajo. Si se dignifica la forma de gobernar, se dignifica la forma de vivir.
Si compartes la visión de un liderazgo que inspira, orienta y eleva al país, te invitamos a unirte a Defensores de la Patria y respaldar la propuesta del precandidato presidencial Abelardo de la Espriella. Colombia merece líderes que iluminen el camino.