01 de diciembre de 2025, 19:55 pm
Hay fenómenos políticos que empiezan como un murmullo y terminan convirtiéndose en un estruendo imposible de ignorar. La candidatura de Abelardo De La Espriella es uno de ellos. Lo que hace apenas unos meses muchos calificaban con suficiencia y algo de burla como una ocurrencia pasajera, hoy es el movimiento que remeció el tablero electoral y que, según todas las mediciones serias, vence en segunda vuelta a cualquier candidato del establishment, incluido Iván Cepeda.
Durante su entrevista con la Revista Semana, De La Espriella desmontó esa narrativa con una mezcla de ironía, cifras y hechos que incluso quienes lo subestimaron ya no pueden desmentir.
Primero fue la burla, luego el susto
El patrón se repite en cada elección cuando surge un liderazgo que no pertenece a las viejas estructuras: primero lo ridiculizan, luego lo minimizan, después lo atacan y finalmente lo temen.
En su caso, el libreto fue calcado:
- “Eso es un parapeto”.
- “Eso es una morisqueta”.
- “Eso no va para ningún lado”.
- “Es sólo redes”.
Pero la realidad empezó a contradecirlos con una contundencia incómoda. A medida que De La Espriella recorría el país, la teoría del “fenómeno digital” se derrumbaba: plazas llenas, auditorios desbordados y un fervor ciudadano que ningún aparato político logró igualar.
La gente llegaba por miles, no para verlo como a un personaje polémico, sino como a alguien que dice en voz alta lo que millones piensan y que defiende sin complejos los valores que muchos sienten abandonados por la clase dirigente.
El punto de quiebre: llenar el Movistar Arena
Cuando la movilización se trasladó al Movistar Arena, y el recinto estalló al 100 % de su capacidad, el tono mediático cambió por completo. Lo que antes era una “payasada”, ahora lo llamaron “el nuevo invento”.
Y la política le teme profundamente a cualquier fuerza que no controle. Otro de los relatos que intentó imponerse fue el supuesto escenario en el que Iván Cepeda derrotaría a De La Espriella en una segunda vuelta. Él lo desmontó sin rodeos: “Eso es pura paja”.
Las mediciones internas y externas muestran exactamente lo contrario: En todos los escenarios, y frente a todos los candidatos, De La Espriella gana la segunda vuelta.
No porque pertenezca a un bloque político tradicional, sino porque representa algo que los estrategas tradicionales aún no terminan de procesar, un voto que no responde a etiquetas ideológicas, sino a una sincronía emocional, identitaria y moral con el país profundo.
No es ideología: es una alianza con el alma de la colombianidad
Mientras otros tratan de explicarlo usando categorías viejas —derecha, izquierda, populismo, progresismo—, él lo resume mejor: “Yo no defiendo ideología; defiendo principios y valores fundacionales”.
Que hoy lo llamen “fenómeno popular” no es un elogio, es un síntoma del temor que despertó en quienes siempre controlaron el tablero. Primero lo caricaturizaron, ahora lo vigilan. Y cuando no pueden negarlo, intentan explicarlo como si fuera una anomalía, un accidente histórico, un “invento”. Pero lo que está ocurriendo no es un invento. Es la expresión política más orgánica que ha visto Colombia en años.
Y los números lo confirman.
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