La política sacó lo mejor de Abelardo: liderazgo sin resentimiento y con grandeza

17 de febrero de 2026.

En medio de una campaña marcada por la polarización y los ataques personales, el candidato presidencial Abelardo De La Espriella sorprendió con una reflexión poco habitual en la política colombiana: lejos de endurecerlo o radicalizarlo, la contienda presidencial —según afirmó— ha sacado su mejor versión.

Durante su conversación en Vélez por la mañana, fue claro: siempre escuchó que la política saca lo peor de las personas. Que exacerba el ego, alimenta el resentimiento y divide. Sin embargo, en su caso —dijo— ha ocurrido lo contrario.

De La Espriella aseguró que esta es la etapa más madura, reposada y equilibrada de su vida. Habló de una versión más tranquila, más solidaria y más consciente de la responsabilidad que implica aspirar a la Presidencia.

No es una afirmación menor. En un escenario donde muchos candidatos han intensificado el tono, endurecido el discurso y convertido la campaña en un campo de confrontación permanente, él sostiene que la política lo ha llevado a la mesura.

“Si yo antepongo los ataques personales a los altos intereses de la nación, no tendría la grandeza ni la inteligencia emocional para sentarme en el solio de Bolívar”, expresó. La frase resume su tesis: el liderazgo no puede estar guiado por la revancha.

Sin resentimientos y sin provocaciones

En la entrevista fue enfático en algo: no guarda resentimientos. Reconoció que ha recibido ataques, incluso de antiguos amigos hoy convertidos en competidores electorales, pero aseguró que no responderá con la misma moneda.

Ha pedido públicamente a sus seguidores que no caigan en provocaciones. Que no entren en la lógica del agravio. Que la campaña se enfoque en propuestas y no en peleas accesorias.

Ese enfoque, en su narrativa, marca una diferencia frente a otros aspirantes que, según él, han dejado que la política exponga sus peores impulsos.

De La Espriella describió el tipo de liderazgo que, a su juicio, necesita Colombia. Un liderazgo que combine tres elementos: la sabiduría de un filósofo, la convicción de un hombre de fe y la fortaleza de un guerrero.

Pero añadió algo más importante, magnanimidad y humildad. Para él, quien aspira a gobernar no puede actuar desde el ego ni desde la ira, sino desde la responsabilidad.

En esa línea, reiteró que su único adversario político es Iván Cepeda, pero que incluso en esa confrontación se ha mantenido dentro de lo que considera un marco de respeto y claridad ideológica.

Más allá del discurso político, el candidato habló de algo personal, el reencuentro con el país. Aseguró que la campaña le ha permitido volver a recorrer pueblos y regiones que por años no pudo visitar con libertad.

Ha redescubierto paisajes, costumbres y la calidez de la gente. Dice estar disfrutando el contacto directo con los ciudadanos, la música, el fervor y el afecto popular.

Abelardo se define como un hombre que dice lo que piensa, que no utiliza eufemismos, pero que ha aprendido a canalizar esa franqueza con equilibrio. Cree que esa autenticidad ha conectado con amplios sectores del país.

Al final, su conclusión fue directa: se siente en su mejor momento intelectual, espiritual, físico y emocional para asumir la dirección del país.

En una campaña donde muchos sostienen que la política degrada, Abelardo De La Espriella plantea la narrativa opuesta: que la política, cuando se asume como servicio y no como revancha, puede elevar el carácter.

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