09 de diciembre de 2025, 10:30 pm
Abelardo De La Espriella abrió una ventana íntima a un terreno poco explorado de su campaña, cómo su familia está viviendo el peso emocional, los riesgos y la intensidad de una candidatura presidencial construida a contracorriente. En su entrevista con Revista Semana y lejos de los discursos políticos, esta parte de la conversación dejó ver a un hombre atravesado por las consecuencias humanas del camino que escogió.
Hijos entre la inocencia, el miedo y el asombro
De La Espriella tiene cuatro hijos: dos hombres y dos mujeres. Los describe con sinceridad doméstica: los niños “viven en un planeta propio”, entre Netflix, Nintendo y fútbol. Las niñas, en cambio, sienten el momento.
Su hija mayor, experimenta lo que experimentan miles de niñas en Colombia cuando la política se mezcla con el riesgo: miedo. Le asusta el tema de la seguridad, le preocupa lo que escucha, lo que ve, lo que intuye.
La menor, Francesca, vive el fenómeno con una mezcla infantil de sorpresa y nervios, De La Espriella relató —con humor y cercanía— que el único “gasto logístico” que hizo para el evento del Movistar Arena fue darle un bombombún y un supercoco para convencerla de salir al escenario.
“No fue un tamal; fue un bombombún”, dijo, desmontando con ironía las narrativas sobre supuestos pagos o movilizaciones artificiales.
Pero más allá de lo anecdótico, el mensaje es claro, la familia no es un accesorio de campaña, es un termómetro emocional que refleja las tensiones reales de la vida pública.
El peso de la seguridad: la preocupación que acompaña cada paso
La familia teme, y teme con razón. El candidato presidencial lo admite con naturalidad: su esposa y sus hijos se preocupan por el riesgo que implica desafiar al poder, desmontar narrativas, confrontar estructuras criminales y oponerse de frente al proyecto político de Petro.
La inquietud de su círculo cercano no es trivial. Él mismo reconoce que está arriesgando su vida y su patrimonio, pues —a diferencia de otros candidatos— se financia solo. Y aun así, dice, es al único al que le preguntan cuánto gasta.
La preocupación familiar, vista en perspectiva, no es una carga exclusiva: está presente en cada colombiano que decide alzar la voz contra lo que considera una amenaza al país.
Abelardo explica qué lo llevó a seguir adelante pese a la angustia familiar: “Yo no podía seguir viéndome al espejo y hablarles a mis hijos de honor, dignidad, patriotismo, civismo y responsabilidad, si le daba la espalda a mi país en sus horas más oscuras”.
Ese argumento no es retórico; es un principio, en su visión, los hijos no aprenden de los discursos sino del ejemplo.
Y retirarse por miedo sería, en sus palabras, una contradicción moral imposible de justificar frente a ellos.
De La Espriella resume así su postura:“La palabra empuja, pero el ejemplo arrastra”.
Y ese es el mensaje que quiere dejarles a sus hijos: la convicción de que su padre arriesgó lo que era suyo por defender lo que era de todos.
La familia como reflejo de lo que está en juego
La entrevista permite explorar algo fundamental, que la candidatura del líder de Defensores de la Patria no se construyó para una élite, ni para una coalición tradicional, ni para intereses económicos; nació de un impulso personal que luego se convirtió en un mandato popular.
Y en ese tránsito, la familia —con sus miedos, dudas, risas y bombombunes— ha sido testigo directo del costo y del sentido de esta batalla.
Es, quizá, la dimensión más humana del movimiento que hoy encabeza.
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