La izquierda que respeta la ley siempre tendrá espacio en la República

01 de diciembre de 2025, 18:30 pm 

En medio del debate nacional sobre la reconstrucción institucional, el país escuchó una distinción que ha sido manipulada durante años: no toda la izquierda es enemiga de Colombia. La conversación de Abelardo De La Espriella con Noticias Caracol dejó claro algo que en la política se evita decir en voz alta: el problema no es la diferencia ideológica, sino la voluntad de destruir el orden constitucional.

Un liderazgo sin ataduras para hacer lo que el país necesita

De La Espriella explicó por qué su candidatura plantea un punto de quiebre en la política tradicional.

A diferencia de los aspirantes respaldados por maquinarias, patrocinadores o redes clientelares, él insiste en que su libertad proviene de financiar su propia campaña, de no deberle puestos a nadie y de no estar comprometido con intereses ajenos al bienestar nacional.

La pregunta inevitable: ¿qué pasará con la izquierda en un gobierno del Tigre?

Noticias Caracol planteó la inquietud que muchos tenían en silencio: ¿Qué ocurrirá con la izquierda democrática que actúa dentro de la ley, desarrolla trabajo comunitario y participa en política bajo las reglas de la República?

La respuesta fue directa: Esa izquierda tiene espacio, como debe ser en cualquier democracia seria.

El precandidato presidencial no habló desde el prejuicio ni desde el odio, sino desde una premisa constitucional: las ideas pueden diferir, incluso confrontarse, pero mientras respeten la ley y las instituciones, forman parte legítima del pluralismo colombiano.

El límite es claro: la izquierda enemiga del orden constitucional

Existe otra izquierda —dijo— que no busca debatir ideas, sino destruir la República.
Una izquierda que promueve el caos, que socava las instituciones, que justifica la violencia política y que sueña con reescribir la nación a punta de discursos incendiarios y de prácticas antidemocráticas.

A esa izquierda, la que trabaja conscientemente para desestabilizar el país, sí hay que tratarla como lo que es: enemiga del orden constitucional.

No por pensar diferente, sino por algo mucho más grave: por considerar que la ley es opcional, que el Estado de derecho es negociable y que la institucionalidad es un estorbo y no un patrimonio común.

La distinción que planteó el líder de Defensores de la Patria no divide al país: lo ordena.
Invita a reconocer que una democracia madura exige pluralidad, debate y espacio para quienes piensan distinto. Sin embargo, exige también límites clarísimos frente a quienes buscan arrancarle a Colombia sus pilares fundamentales.

De La Espriella no se propuso dividir, sino ordenar el terreno, la Colombia que plantea no es homogénea ni excluyente: es una nación donde caben todas las voces responsables, incluidas las de izquierda, siempre que defiendan la Constitución, la legalidad y la convivencia democrática.

El límite no es ideológico; es moral y republicano. Ahí termina la conversación y empieza la claridad política.

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