09 de diciembre de 2025, 10:24 pm
Abelardo De La Espriella explicó uno de los gestos más reconocibles de su campaña: el saludo ‘Firme por la Patria’. En su entrevista con Revista Semana recordó que no se trata de una frase improvisada ni de un eslogan vacío; es, según él, una expresión de identidad nacional, un vehículo de disciplina y un recordatorio de que la defensa del país empieza por la actitud y termina en la acción.
A diferencia de los lemas tradicionales de campaña —cambiantes, desechables, hechos para un semestre—, este saludo no nació en una oficina de creativos, sino en un momento casi cotidiano, cuando Abelardo grababa videos desde Italia. Allí soltó la frase por primera vez, con naturalidad, sin pretensiones. Lo que vino después lo sorprendió incluso a él.
Cuando la intuición supera a los expertos
El candidato contó que, después de publicar esos primeros videos, algunos amigos cercanos lo llamaron para advertirle que el saludo “no iba a gustar”, que era “muy fuerte”, “muy militar”, que podía generar resistencias. Pero él no lo vio así.
El candidato presidencial argumenta que no hay nada más profundamente colombiano que la defensa de la patria, un sentimiento que no pertenece a una ideología ni a un partido, sino a la conciencia colectiva de un país que se rehúsa a rendirse. Y por eso la frase se quedó. Y por eso creció.
Cuando llegó la campaña de recolección de firmas, el equipo decidió acuñar oficialmente el lema ‘Firme por la Patria’ y acompañarlo con el saludo que hoy miles de colombianos replican en plazas, aeropuertos, calles, caminatas y caravanas.
El saludo se volvió un espejo del fervor
El fenómeno no estuvo en la frase sino en la reacción.En la entrevista, De La Espriella relató escenas que revelan la magnitud del símbolo: niños, jóvenes, adultos mayores, familias enteras formando “calles de honor”, haciendo el saludo militar, gritando la consigna con una naturalidad que demuestra que el país está despertando una fibra profundamente patriótica.
“No te imaginas el éxito que ha sido el saludo”, dijo. “Estamos retomando símbolos que nos hacen sentir orgullosos”. No habló del saludo como marketing, sino como una reivindicación emocional, una forma de reconectar a la ciudadanía con la idea de nación, identidad y deber.
El patriotismo como antídoto moral
La entrevista derivó luego hacia algo más personal: lo que el patriotismo ha significado para su propia vida emocional. Contra quienes afirman que la política “saca lo peor de las personas”, el líder natural de Defensores de la Patria, asegura que a él le ha sacado lo mejor. Repite que hoy está más sereno que nunca, duerme mejor, actúa con más disciplina y más claridad. Que la presión no lo amarga, sino que lo afila.
Y atribuye esa estabilidad a una idea central, cuando entiendes que tu lucha es por Colombia y no por ti mismo, los ataques personales pierden importancia.
El patriotismo, en ese sentido, no es para él una pose sino una brújula. Un recordatorio de que la batalla no es contra críticos, periodistas o adversarios menores, sino contra el proyecto político que —según él— busca perpetuarse en el poder y llevar al país a un punto de no retorno: el proyecto de Petro y su heredero político.
El enemigo no es el que critica: es el proyecto que quiere perpetuarse
De La Espriella fue más explícito, no le molestan los ataques personales, ni los comentarios irónicos, ni las etiquetas fáciles. Lo que sí considera un enemigo real es el bloque político que intenta —según él— conservar el poder de manera indefinida, manipular las instituciones y redefinir la democracia a conveniencia.
Por eso el saludo no es sólo simbólico, es, para él, una declaración de resistencia civil.
Una forma de recordarle a la gente que la firmeza es una obligación moral en tiempos difíciles.
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