Noviembre 19, 2025. 11:24 a.m. Para Abelardo De La Espriella, precandidato presidencial y líder de Defensores de la Patria, la mayor contradicción del actual gobierno es haber proclamado que gobernaría para el pueblo mientras “acabó con la ilusión de la gente”.
Su crítica parte de los hechos que, según De La Espriella, han deteriorado la vida cotidiana de millones de colombianos y han profundizado desigualdades que ya eran dolorosas.
De La Espriella señala que este gobierno, que se autodenominó como el gobierno del pueblo, “acabó con la educación quebrando el ICETEX”, una institución que por décadas permitió que miles de jóvenes accedieran a estudios superiores. Afirma también que se rompió el futuro de los niños y niñas de La Guajira con el desfalco de recursos destinados a la gestión del riesgo, “robándose hasta el agua de los floreros”.
La crítica no se queda en lo simbólico. De La Espriella sostiene que este gobierno promovió reformas y decisiones económicas que golpearon con mayor fuerza a quienes menos tienen. “El gobierno del pueblo subió los impuestos. El gobierno del pueblo disparó los precios de la canasta familiar”, afirma. Para él, esta contradicción se refleja en una realidad innegable: miles de hogares hoy no tienen garantías mínimas para vivir con dignidad.
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El precandidato también destaca el deterioro de la seguridad urbana, especialmente en zonas populares donde familias trabajadoras quedaron, según su lectura, “a merced de bandas criminales que controlan la vida diaria, las rutas, los negocios y la tranquilidad”. Este control, que considera inaceptable, aumenta la vulnerabilidad justamente de quienes el gobierno prometió proteger.
División social, Estado ineficiente y un costo humano incalculable
En su análisis, De La Espriella afirma que el discurso de división promovido desde el gobierno ha contribuido a fracturar aún más al país. Considera que la narrativa que enfrenta a “ricos contra pobres” es una trampa que impide ver el funcionamiento real de la economía: “Un pobre no tiene cómo ayudar a otro pobre”, señala, insistiendo en que es necesaria una visión que permita cooperación entre sectores, no confrontación.
Su propuesta se basa en un concepto que repite con frecuencia: un Estado pequeño, austero y funcional. No en términos ideológicos, sino operativos. Para él, el Estado debe ser un puente entre la clase empresarial, que genera empleo y crecimiento, y los ciudadanos, especialmente los más humildes. “A mí lo que más me mortifica es la gente más humilde”, afirma.
Asegura que su decisión de entrar en la política se fundamenta en defenderlos con la “garra total del tigre”.
En esa línea, De La Espriella sostiene que ningún proyecto de país tendrá éxito mientras el hambre y la pobreza no se enfrenten con decisión. Señala que Colombia puede recuperar el control territorial, combatir el narcotráfico y reducir la extorsión, pero si esos logros no van acompañados de un combate estructural contra el hambre, “nunca vamos a tener seguridad”.
Su diagnóstico económico es contundente: considera que la situación actual es producto de un gasto público desbordado, decisiones improvisadas y falta de experiencia en gestión. A su juicio, el gobierno dejó de lado a Ecopetrol, frenó la explotación de hidrocarburos y debilitó sectores fundamentales para la estabilidad fiscal. Esto, sumado a la inflación y a la falta de políticas efectivas de generación de riqueza, deja al país al borde de un deterioro económico mayor.
El precandidato también alerta sobre la afectación al sistema de salud, que considera “horroroso” por la forma en que se han intentado alterar sus cimientos, debilitando la atención primaria y la sostenibilidad del modelo.
A todo esto se suma, según él, un impacto moral profundo: la pérdida de valores, el deterioro de la confianza en las instituciones y la expansión de la polarización como método de gobierno. Para De La Espriella, gobernar desde la división solo amplía el sufrimiento de quienes ya cargan con la pobreza, el desempleo y la inseguridad.
Frente a este panorama, insiste en una idea: Colombia puede ser reconstruida, pero requiere dirección, claridad y un proyecto nacional que supere la fricción y devuelva la esperanza. “Yo no puedo dormir tranquilo si hay miles de compatriotas que se van a la cama con una sola mala comida”, dice, subrayando su compromiso con los sectores más vulnerables.
Quienes compartan la visión de recuperar el país con unidad, trabajo y compromiso pueden unirse desde hoy a Defensores de la Patria.