Noviembre 19, 2025. 02:07 p.m. Para Abelardo De La Espriella, precandidato presidencial y líder de Defensores de la Patria, el próximo año no será simplemente una contienda electoral. Será un punto de inflexión histórico donde los colombianos deberán decidir entre continuar por el camino del deterioro institucional y económico o emprender, con liderazgo y claridad, una contrarrevolución social, política, cultural y económica que devuelva el rumbo a la República.
Su planteamiento parte de una idea contundente: “No solamente hay que ganar, sino que hay que ganar con la persona adecuada”. De acuerdo con él, el país necesita a alguien capaz de asumir las responsabilidades, decisiones y costos que trae consigo reconstruir una nación fracturada por la desconfianza, la división y el estancamiento económico. Esa persona, sostiene el abogado, debe poseer una convicción profunda en los principios y valores fundacionales de la colombianidad, que son el alma de su propuesta.
En su visión, la gravedad del momento demanda algo más que un cambio administrativo o programático. Requiere un giro estructural, un reordenamiento de prioridades y un liderazgo que pueda enderezar las instituciones, revitalizar la economía y sanar el tejido social. Para ello, la valentía y la coherencia no son opcionales, sino indispensables.
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Una contrarrevolución que restaure valores, institucionalidad y prosperidad
De La Espriella entiende la contrarrevolución como un proceso integral que aborda cuatro dimensiones esenciales para el futuro del país: lo cultural, lo social, lo político y lo económico. Cada una de estas áreas, según él, ha sufrido un desgaste profundo que debe ser revertido con claridad y decisión.
En lo cultural, plantea la necesidad de recuperar la centralidad de los valores, la moral y la fe en la formación de las nuevas generaciones. Reitera que la educación debe volver a orientarse hacia la construcción de ciudadanía, propósito y respeto por la vida y la familia. “Hay que regresar a Dios a los salones de donde nunca debió salir”, afirma.
Señala que esta no es solo una discusión académica sino una apuesta por restaurar la coherencia espiritual y moral del país. Una nación, dice, no se sostiene solo con normas; se sostiene con principios.
En lo social, el precandidato insiste en que el discurso de odio y división ha fragmentado al pueblo colombiano, generando una narrativa de enfrentamiento permanente que impide cualquier posibilidad de reconciliación y proyecto común. Su propuesta consiste en reconstruir la confianza entre los ciudadanos y el Estado, fortalecer la movilidad social y garantizar que los esfuerzos del sector productivo se traduzcan en bienestar tangible para las familias más humildes.
En el campo político, De La Espriella plantea que el país necesita recuperar la integridad de sus instituciones, hoy afectadas por la improvisación, el clientelismo y la falta de autoridad. Según él, la política debe volver a ser un instrumento de servicio público y no un mecanismo de manipulación o división. El liderazgo requiere carácter y estabilidad, no oportunismo.
Finalmente, en lo económico, su visión es clara: el Estado debe dejar de asfixiar al país con un aparato burocrático sobredimensionado y convertirse en un facilitador del crecimiento, no un obstáculo. Sostiene que una reducción significativa del tamaño del Estado permitirá bajar impuestos, atraer inversión y volver a encender los motores productivos que hoy están debilitados. La contrarrevolución económica, en esa lógica, es la que permitirá reconstruir la prosperidad nacional y cerrar brechas sociales de manera real.
Para De La Espriella, este proceso requiere decisión, carácter y claridad. No basta con tener un plan; hay que tener el valor de ejecutarlo. En sus palabras, “hay que ganar con la persona adecuada, que tenga la ardentía, la decisión y el valor para hacer lo que hay que hacer”.
El desafío, insiste, no es menor: Colombia se encuentra en medio de una batalla espiritual, moral y republicana. Y solo un liderazgo con convicción profunda podrá encaminar al país nuevamente hacia el orden, la prosperidad y el respeto por las libertades.
Quienes compartan esta visión y quieran sumarse a la reconstrucción del país pueden unirse desde hoy a Defensores de la Patria.