19 de noviembre de 2025, 9:20 pm — Redactado por: Gineth Gómez
En medio de los aplausos y las banderas levantadas, Abelardo De La Espriella comenzó uno de los momentos más emotivos de su discurso en la Convención Nacional de Defensores de la Patria con una afirmación sencilla pero profunda: “El tigre ruge por la fe. Dios bendiga Colombia”.
No era solo una expresión espiritual; era el pilar desde el cual construyó el mensaje más importante de esa noche: la defensa de la familia como el núcleo sagrado de la nación.
En tiempos donde la política intenta reducir la identidad colombiana a sesgos, etiquetas o doctrinas importadas, el precandidato presidencial rescató un principio que trasciende ideologías: la familia no es un invento del Estado ni un capricho cultural. La familia es la columna vertebral de la Patria.
La familia, primera escuela y primera trinchera
“La familia es el primer bastión de la Patria”, afirmó el líder de Defensores de la Patria.
Esto va en coherencia con el discurso que ha mantenido el precandidato que destaca la importancia y el apoyo de su familia en este camino a la Presidencia.
También explicó que, en el núcleo familiar es donde se forman los ciudadanos del mañana, donde se aprenden los valores que sostienen el carácter nacional, donde se inculca respeto, disciplina, amor patrio y la tradición que ha mantenido a Colombia de pie aún en los peores momentos.
En su recorrido por cientos de hogares —desde fincas cafeteras hasta barrios populares— escuchó el llanto de madres con miedo y el silencio tenso de padres preocupados por la inseguridad que consume al país. Ese dolor silencioso es el que lo impulsa a proteger lo que considera el núcleo sagrado de la República.
Un compromiso de defensa sin ambigüedades
“Juro defenderla contra quienes la diluyen con agendas ideologizadas”, dijo al referirse a esas corrientes que han intentado trivializar o politizar el concepto de familia para ajustarlo a sus intereses.
Para De La Espriella, la familia no es un constructo ideológico —como pretenden hacer creer algunos sectores radicales— sino el altar donde se forja el carácter ciudadano, el espacio donde se enseña a respetar la ley, a amar al país, a valorar el trabajo y a reconocer el bien del mal.
Por eso prometió que bajo su gobierno la familia será el eje central de toda política pública. No como discurso, sino como prioridad real: educación, seguridad, salud, empleo y cultura alineadas con el fortalecimiento del hogar colombiano.
Una parte especialmente poderosa de su intervención fue el reconocimiento a las mujeres que han impulsado esta campaña desde antes de que existiera estructura alguna. “Unidad con las mujeres aguerridas”, afirmó, quienes con determinación, disciplina y amor han promovido la campaña del ‘Tigre’.
“Mis tigresas serán fundamentales en la salvación de Colombia”, dijo con orgullo. Ellas han llevado el mensaje a sus comunidades, han organizado reuniones, han protegido el voto de conciencia y han levantado la bandera cuando otros callaban.
El ‘Tigre’ protege a su manada
Abelardo De La Espriella lanza una promesa que electrizó al público: “El tigre protege a la manada. Los voy a proteger y los voy a hacer sentir orgullosos de apoyar al tigre”.
No fue un juramento vacío. Fue una declaración de responsabilidad. El tigre, símbolo de fuerza y justicia, representa un liderazgo que no abandona y que no pacta con quienes amenazan a los suyos.
Para De La Espriella, proteger significa devolver la seguridad a las calles, rescatar la autoridad perdida, defender a los niños de la manipulación ideológica, respaldar a las madres y a los padres que trabajan con dignidad, y construir una nación donde el hogar vuelva a ser un lugar sagrado, no un blanco de ataques culturales.
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