Noviembre 20, 2025. 10:41 a.m. Para Abelardo De La Espriella, precandidato presidencial y líder de Defensores de la Patria, Colombia atraviesa un momento que no admite ambigüedades. La crisis social, económica e institucional que vive el país, según afirma, no requiere de un gobernante técnico encerrado en fórmulas y presentaciones, sino de un gladiador.
En sus palabras, “este no es momento de los de siempre”, sino de alguien capaz de asumir el servicio público como una misión temporal, intensa y enfocada, sin cálculos personales ni aspiraciones posteriores.
De La Espriella rechaza la idea de que un líder deba acumular décadas de burocracia para estar “listo” para gobernar. Recuerda que figuras internacionales que enfrentaron crisis profundas, como Donald Trump o Nayib Bukele, llegaron sin experiencia política tradicional, pero con la determinación necesaria para asumir retos extraordinarios.
Por eso insiste en que él no viene a venderse como un estadista perfecto o como el dueño de todas las respuestas técnicas. Su planteamiento parte de una idea clara: Colombia está sobrediagnosticada. La ciudadanía conoce de memoria los problemas y sus posibles soluciones. Lo que falta, asegura, es alguien que ejecute con autoridad, firmeza y coherencia.
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En sus propias palabras, él cree más en el ‘Power Pueblo’ que en el ‘PowerPoint’. Para el precandidato, las cifras, proyecciones o discursos sofisticados no bastan cuando el país enfrenta desafíos de seguridad, deterioro institucional y pérdida de confianza. Según explica, lo que hace falta es “un soldado, un gladiador de la democracia”, alguien capaz de asumir las decisiones difíciles que otros han aplazado por temor al costo político.
Un liderazgo sin cálculos, sin ambiciones personales y con foco en la República
Una de las ideas centrales en el discurso de De La Espriella es su compromiso de servicio limitado. Asegura que no busca reelegirse, ni ocupar cargos internacionales, ni construir una carrera política posterior. Ni aspira a ser secretario general de organismos multilaterales ni conferencista global.
Su visión, afirma, es la de cumplir un servicio militar republicano de cuatro años, ejecutar lo necesario y retirarse. “Hago lo que tengo que hacer y me retiro”, explica, resaltando que su objetivo es entregar un país ordenado, con instituciones fortalecidas y con una ciudadanía que recupere la esperanza.
Esta postura lo diferencia, señala, de quienes llegan con agendas personales, intereses económicos detrás o con aspiraciones de mantenerse en el poder. Según De La Espriella, su independencia se debe a que no está financiado por grupos económicos, a que no ha vivido del Estado y a que no tiene compromisos que limiten su capacidad de tomar decisiones. Esa libertad, dice, le permitirá actuar sin cálculos electorales y sin temor a perder apoyos.
El precandidato también subraya que la situación actual del país requiere una combinación poco común: carácter, visión, autoridad moral y capacidad ejecutiva. A su juicio, el líder que Colombia necesita debe tener la serenidad de un hombre de fe, la claridad filosófica para entender la dimensión histórica del momento y la fuerza de un guerrero para aplicar la ley, ordenar el Estado y restaurar la confianza ciudadana.
El precandidato también habla de principios fundacionales y valores como ejes de su proyecto: familia, propiedad privada, libertad de culto, seguridad como condición de la vida en sociedad y un patriotismo entendido como compromiso con el bien común. No se trata, dice, de ideologías o etiquetas, sino de una forma de pensar que ha permitido prosperidad, orden y estabilidad en los países que la han adoptado.
En su visión, Colombia vive una hora dramática que exige un liderazgo sin miedo. Así como cada momento histórico requiere un tipo particular de dirigente, evocando a Churchill como el hombre para tiempos de guerra, De La Espriella afirma que este periodo exige alguien dispuesto a asumir el desgaste de tomar decisiones difíciles y a renunciar a cualquier beneficio personal posterior.
El mensaje final del precandidato es que este no es el momento del cálculo, sino del carácter. Y que, si Colombia quiere superar su crisis, debe confiar en un liderazgo que venga a servir, no a servirse.
Quienes quieran respaldar este proyecto y sumarse a un movimiento que busca defender la institucionalidad y la libertad pueden unirse hoy a Defensores de la Patria.