El autodenominado “gobierno del pueblo” se convirtió en el verdugo del pueblo

19 de noviembre de 2025, 10:25 pm —  Redactado por: Gineth Gómez

Un pueblo agotado de que le roben sus sueños

La Convención Nacional de Defensores de la Patria dejó múltiples frases históricas, pero ninguna tan cruda y tan precisa para describir el presente nacional como la que pronunció Abelardo de la Espriella: “El autodenominado gobierno del pueblo se ha convertido en el verdugo del pueblo”.

El público enmudeció por un instante. No por sorpresa, sino porque reconoció la verdad detrás de esas palabras. Desde hace años, en lugar de proteger al ciudadano trabajador, el Estado lo persigue, lo regula hasta asfixiarlo, lo empobrece y lo deja indefenso frente a la inseguridad, el desempleo y el costo de vida que supera cualquier capacidad familiar.

“Basta ya de expropiar sueños con regulaciones asfixiantes”, afirmó el precandidato presidencial, señalando que el país no puede seguir bajo un modelo donde producir es un castigo y emprender es un riesgo.

Un país que merece prosperidad, no castigos

De La Espriella planteó una visión de futuro diametralmente opuesta al colapso actual: una Colombia próspera, con propiedad privada protegida y una economía que genere empleo sin renunciar a la justicia social.

La claridad del mensaje fue contundente: no se trata de elegir entre bienestar económico o equidad, sino de lograr ambas con un Estado funcional, austero y que deje de quemar el dinero de los colombianos en viajes, burocracia inútil y embajadas que solo sirven como premios políticos.

Mientras el régimen gasta miles de millones en consultas amañadas, el ICETEX se quiebra, así lo hizo saber el concejal Julián Rodriguez, “Petro condenó a los deudores del ICETEX, más de 130 mil estudiantes ahora pagan cuotas hasta 93% más altas”, mediante un derecho de petición presentado al ICETEX.

Asimismo, las pensiones también están en riesgo y el sistema de salud se cae a pedazos. “Ese es un Estado desconectado de la realidad”, sentenció el precandidato presidencial.

De La Espriella llamó a la unidad económica de quienes realmente sostienen al país: empresarios, trabajadores e innovadores.

No se trata de ideologías; se trata de producción real y de la capacidad de crear riqueza para millones.

“Enfrentaré las doctrinas empobrecedoras y las derrotaré con políticas de crecimiento y desarrollo sostenido”, aseguró.

Ese es un contraste directo con el modelo actual, que castiga el esfuerzo, persigue al trabajador formal y desincentiva la inversión. Bajo esta visión, la riqueza no es pecado: es un motor para elevar la calidad de vida y generar oportunidades.

“El tigre viene a multiplicar la riqueza de su pueblo”, dijo, dejando claro que el objetivo no es administrar la pobreza, sino erradicarla mediante disciplina fiscal, incentivos productivos y un Estado que no estorbe.

La crítica más fuerte llegó cuando denunció la hipocresía del actual gobierno: “Un gobierno que castiga el esfuerzo y empobrece al ciudadano no gobierna para el pueblo, gobierna contra él”.

Lo que prometieron como un proyecto popular terminó siendo un aparato que: deja a la gente sin vivienda, destruye el empleo, impide la educación, dispara los precios, mantiene instituciones quebradas y derrocha recursos en privilegios para la clase gobernante.

Ese es el verdugo: no el que golpea con látigo, sino el que condena al pueblo a sobrevivir con menos de lo básico.

“Después de heredar este desastre que deja Petro”, dijo De La Espriella, “es absolutamente necesario volver el Estado colombiano descentralizado, funcional, austero, pequeño y práctico”.

El país no necesita más ministerios decorativos ni burocracias que absorben recursos sin entregar resultados. Necesita un Estado que responda rápido, gaste bien, respete al contribuyente y se enfoque en resolver las necesidades reales.

Porque seguir en manos de un Estado gastador e incompetente solo hará más profundo el hueco donde este régimen sumergió a Colombia.

El líder de Defensores de la Patria hace un llamado a la batalla democrática: “Este es el mandato del tigre, la reconquista final”.

Una reconquista no contra personas, sino contra la irresponsabilidad, la inmoralidad, la ilegalidad y la incompetencia que han marcado estos años oscuros.

El tigre —símbolo de fuerza, coraje y justicia— no viene a maullar reformas tibias. Viene a liderar la recuperación nacional con disciplina, orden y un país entero rugiendo detrás.

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