El silencio que Colombia no puede seguir tolerando: Abelardo exige a Cepeda una postura clara sobre las Farc y el ELN

07 de enero de 2026, 19:45 pm

La política colombiana arrastra una deuda que no se salda con discursos ambiguos ni con silencios estratégicos: decirle al país, sin rodeos, de qué lado está cada dirigente frente al narcoterrorismo. El precandidato presidencial Abelardo De La Espriella lanzó una exigencia directa y pública: que Iván Cepeda le explique al país —y al mundo— cuál es su verdadera posición frente a las Farc y el ELN.

No se trata, según De La Espriella, de una pelea electoral más. Se trata de una definición moral, política e histórica que Colombia no puede seguir postergando.

Cuando el silencio también toma partido

De La Espriella fue enfático en señalar que el país ya conoce las consecuencias de normalizar la ambigüedad frente a los grupos armados ilegales. Para él, el silencio frente a las Farc y el ELN no es neutral: es una forma de complicidad política.

El país tiene que saber la verdad”, afirmó. “Iván Cepeda le debe una explicación a Colombia sobre cuál es su posición frente a las Farc, frente al ELN y frente a la narcodictadura que hoy protege a esos grupos”.

De La Espriella recordó que Colombia ha vivido procesos donde se prometió paz mientras se legitimaba al crimen, se suspendía la extradición y se ofrecían garantías a estructuras armadas que jamás abandonaron el narcotráfico.

El antecedente que no se puede borrar

Uno de los puntos más sensibles del planteamiento es el vínculo histórico entre sectores políticos colombianos y los procesos de negociación con las guerrillas. El precandidato recordó que el régimen venezolano fue garante del acuerdo con las Farc y que hoy ese mismo régimen está judicializado en Estados Unidos por narcotráfico.

Maduro no fue un actor marginal: fue garante del proceso con las Farc”, señaló y recordó que “hoy está procesado en Estados Unidos precisamente por su relación con el narcotráfico y con las guerrillas colombianas”.

En ese contexto, para el precandidato, resulta inaceptable que figuras con aspiraciones presidenciales eviten fijar una postura clara. El país, sostiene, ya pagó demasiado caro el costo de mirar para otro lado.

Lejos de limitarse a una denuncia retórica, De La Espriella lanzó una invitación concreta: un debate público, directo y sin intermediarios. Propuso que Cepeda designe un representante, mientras él haría lo mismo para confrontar posiciones ante el país.

Yo aprovecho los micrófonos de Caracol para convocar a Iván Cepeda a un debate”, el llamado no es menor. En un escenario donde los discursos suelen diluirse en generalidades, el debate que propone De La Espriella busca obligar a definiciones claras: sí o no, condena o justificación, democracia o complacencia.

La herencia del petrismo y el riesgo de repetirla

Otro de los ejes centrales de la intervención fue la advertencia sobre la continuidad del actual modelo político. Para De La Espriella, Cepeda representa una profundización de lo que hoy vive Colombia bajo el gobierno de Gustavo Petro.

El heredero Cepeda pretende hacer lo mismo que hizo Petro, pero más profundo, más dogmático”, afirmó. “Eso es llevarnos directamente al modelo venezolano”.

En su visión, no se trata solo de un cambio de nombres, sino de una continuidad ideológica que ha debilitado la lucha contra el narcotráfico, deteriorado las relaciones internacionales y legitimado actores armados bajo el discurso de la “paz total”.

De La Espriella insistió en que una democracia sólida no puede construirse sobre zonas grises cuando se trata de violencia y crimen organizado. La ciudadanía, sostuvo, tiene derecho a saber quién está dispuesto a enfrentar a las estructuras armadas y quién prefiere convivir con ellas.

Aquí el único enemigo es Petro y sus cómplices”, sentenció. “Todo el que esté del lado de la democracia, la libertad y la institucionalidad tiene las puertas abiertas”.

Para el precandidato, exigir claridad no es polarizar: es sanear el debate público y devolverle a la política un mínimo de coherencia moral.

La pregunta que De La Espriella pone sobre la mesa no es solo para Cepeda, sino para toda una clase política que ha preferido esquivar definiciones incómodas.

¿Condenan sin matices a las Farc y al ELN? ¿Rompen de manera definitiva con el narcoterrorismo? ¿O siguen apostando a la ambigüedad como estrategia electoral?

El país, esta vez, exige algo más que evasivas.

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