07 de enero de 2026, 19:45 pm
El precandidato presidencial Abelardo De La Espriella planteó una tesis que rompe con la lógica tradicional del debate económico y fiscal en Colombia: la verdadera reforma tributaria no está en subir impuestos ni en crear nuevas cargas, sino en un cambio geopolítico profundo en la región. Para él, ese cambio tiene nombre propio: la libertad de Venezuela.
Desde el inicio, Abelardo fue tajante al explicar el trasfondo del deterioro de la relación entre Colombia y Estados Unidos. “El problema de los Estados Unidos no es con Colombia, es con Gustavo Petro y su gobierno”, afirmó al tiempo que señaló que la tensión diplomática no obedece a un choque entre países, sino a una ruptura provocada por decisiones políticas concretas del actual régimen colombiano.
Según De La Espriella, la ecuación es sencilla: “Cuando salga Petro de la ecuación, las relaciones con los Estados Unidos se van a recomponer”. No se trata —aclaró— de una promesa personalista ni de un supuesto liderazgo mesiánico. “No voy a decir que yo soy el único que puede recomponerlas; cualquiera que no sea del petrismo y que no esté aliado con el narcoterrorismo tiene las puertas abiertas en Estados Unidos”.
Narcotráfico, ruptura diplomática y pérdida de confianza
Para Abelardo, el distanciamiento con Washington tiene causas claras y acumuladas. Enumeró sin rodeos la suspensión de la fumigación aérea, el desmantelamiento de los programas de interdicción marítima y aérea, el crecimiento exponencial de los cultivos ilícitos y la entrega de territorios al control criminal. “Hoy estamos produciendo cerca del 70 % de la cocaína mundial y eso no es gratis, eso tiene un nombre: Gustavo Petro”, sentenció.
En su análisis, la política de ‘Paz Total’ no sólo fracasó sino que se convirtió en una plataforma de legitimación del crimen organizado. “Petro sube a los bandidos a la tarima pública, los presenta como grandes señores y les promete no extraditarlos bajo la cobija mentirosa de la paz total, que en realidad es impunidad total”.
Ese contexto, explicó, es clave para entender por qué Estados Unidos ha endurecido su postura frente al gobierno colombiano, mientras mantiene intacto su interés estratégico en Colombia como nación aliada.
Venezuela: el eje oculto del problema y de la solución
Para el precandidato, la dictadura de Nicolás Maduro no es un actor externo; es un factor estructural de desestabilización regional, con influencia directa en Colombia.
Recordó que Maduro fue garante del proceso de paz con las Farc y subrayó la gravedad de ese antecedente: “Maduro quizá sea el político extranjero que más influencia ha tenido en Colombia”. Por eso, celebró la captura de figuras clave del régimen venezolano y afirmó que hoy existe una oportunidad histórica.
Asimismo, afirmó: “El bienestar de Venezuela y el bienestar de Colombia están íntimamente ligados”. En su visión, la caída definitiva del régimen venezolano abriría un escenario económico sin precedentes para el país.
No es una mención aislada, De La Espriella en diferentes escenarios ha sido enfático al señalar que “si se logra materializar la caída de Maduro con la ayuda de Dios y del tío Donald (Donald Trump), el impulso económico sería tan grande que no necesitaríamos ni siquiera la emergencia económica ni habría necesidad de crear más impuestos”.
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La explicación fue clara y directa: una Venezuela libre y en reconstrucción necesitará alimentos, bienes, servicios, infraestructura, transporte, energía y conocimiento. “Colombia se convertiría en el primer proveedor de bienes y servicios de Venezuela, y Venezuela sería nuestro primer socio comercial”, afirmó.
Ese flujo económico —sostuvo— generaría empleo, crecimiento empresarial, recaudo fiscal natural y dinamización de la economía sin necesidad de asfixiar al sector productivo con más impuestos. No por decreto, sino por integración económica real.
El precandidato insistió en que nada de esto es posible sin carácter político. “Esto se hace con determinación, con autoridad y con voluntad política”, dijo al referirse tanto a la lucha contra el narcotráfico como a la recomposición de las relaciones internacionales.
Rechazó las excusas administrativas y presupuestales: “Si no hay aviones, se buscan; si no hay presupuesto, se consigue. Colombia no puede seguir postergando las decisiones difíciles”.
En síntesis, su mensaje fue claro: la verdadera reforma tributaria no se aprueba en el Congreso de la República, se construye con liderazgo, seguridad, alianzas internacionales sólidas y una región libre del narcotráfico y las dictaduras.
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