07 de enero de 2026, 20:45 pm
Colombia no enfrenta solo una crisis de seguridad, sino una crisis de verdad. El precandidato presidencial Abelardo De La Espriella volvió a tocar uno de los temas más incómodos —y a la vez más determinantes— del debate político nacional: la relación histórica, política y estratégica entre el gobierno de Gustavo Petro y las Farc.
Para De La Espriella, este no es un asunto ideológico ni una disputa de narrativa. Es una discusión sobre poder, impunidad y las consecuencias reales que ha tenido para el país normalizar la cercanía con estructuras armadas responsables de décadas de violencia y narcotráfico.
El problema no es Colombia: es el gobierno que decidió aliarse con el crimen
Según afirmó De La Espriella, la ruptura de relaciones internacionales y el deterioro de la cooperación en seguridad no obedecen a una falla estructural de Colombia, sino a decisiones políticas concretas.
“El problema de los Estados Unidos no es con Colombia, es con Gustavo Petro”, sostuvo. “Y es con un gobierno que ha hecho absolutamente todo para dañar las relaciones, empezando por su cercanía con el narcoterrorismo”.
En ese marco, las Farc aparecen como un actor central. No solo como un grupo desmovilizado en el papel, sino como una estructura que, en palabras del precandidato, sigue operando bajo nuevas formas, protegida por un discurso político que privilegia la impunidad.
Las Farc como interlocutor político: una línea que no debió cruzarse
De La Espriella fue especialmente crítico frente a lo que considera una legitimación progresiva de las Farc y de otros grupos armados durante los últimos años. Recordó que integrantes de organizaciones criminales han sido llevados a tarimas públicas, presentados como actores políticos y beneficiarios de un trato preferencial.
“Petro sube a bandidos a las tarimas públicas y los presenta como grandes señores”, afirmó. “Y les promete no extraditarlos bajo la mentira de la ‘Paz Total’, que en realidad es total impunidad”.
Para el precandidato, este enfoque no solo distorsiona el concepto de paz sino que envía un mensaje devastador a las víctimas y a las fuerzas de seguridad: el crimen paga, y paga bien.
Un modelo que fortaleció al narcotráfico
Otro de los señalamientos más graves tiene que ver con el impacto directo de estas decisiones en la expansión del narcotráfico. De La Espriella sostuvo que Colombia atraviesa hoy uno de los picos más altos de producción de cocaína en su historia reciente.
“Hoy estamos produciendo cerca del 70 % de la cocaína mundial, y eso no es gratis”, dijo. “Eso tiene un nombre y se llama Gustavo Petro”.
En su análisis, la suspensión de la fumigación, el desmonte de programas de interdicción aérea y marítima, y la falta de control territorial han creado un ambiente ideal para que estructuras asociadas a las Farc se fortalezcan económica y militarmente.
Las relaciones entre el actual gobierno y las Farc, dijo, no pueden seguir siendo tratadas como un tabú político.
“Colombia tiene que saber cómo se financió la campaña de Petro y cuál ha sido la verdadera relación con las guerrillas”, afirmó. “Eso es fundamental para la democracia”.
Una democracia que normaliza alianzas con el crimen termina pagando el precio en violencia, aislamiento internacional y pérdida de confianza institucional.
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