El precandidato presidencial y líder de Defensores de la Patria, Abelardo De La Espriella, reiteró que su visión de liderazgo está anclada en un principio esencial: la inteligencia viene del hombre, pero la sabiduría viene de Dios.
Desde allí, construye lo que define como la columna espiritual, moral y emocional de su proyecto para Colombia. Su mensaje, lejos de confrontar, busca elevar un llamado a la unión desde la fe, el respeto constitucional y la construcción de valores compartidos.
Unidad en la fe y defensa de la libertad religiosa
“Del hombre viene la inteligencia y la sabiduría viene de Dios”, declaró De La Espriella al reflexionar sobre el origen de la fuerza que, según él, lo impulsa a entregarse por Colombia. “Ahí encontré la fuerza volcánica para hacerme moler por Colombia”, afirmó, recordando los momentos de dolor y recogimiento en los que, dice, vio reflejada la fortaleza de un país que no se rinde ante la adversidad.
El precandidato presidencial relató que, en visitas a iglesias humildes y durante eventos dolorosos como el sepelio del senador Miguel Uribe Turbay, se encontró con un mismo fuego en las miradas: el de una nación que no se arrodilla ante falsos dioses ni ante el caos. Para él, ese espíritu de resistencia espiritual demuestra que la fe continúa siendo un refugio de esperanza para millones de colombianos.
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“Mi gobierno será baluarte de la fe, donde la libertad religiosa será un refugio de esperanza y no un campo de batalla ideológico”, dijo. De La Espriella enfatizó que su compromiso con la libertad de culto es absoluto, señalando que la democracia únicamente es sólida cuando cada persona puede vivir su fe sin temor ni imposiciones.
En su visión, la oración tiene un lugar esencial como práctica de unidad y guía: “Imaginen una Colombia donde la oración sea protección contra el crimen en todas sus manifestaciones, donde la fe nos dé la coherencia y el propósito que necesitamos para sacar a Colombia adelante”.
Junto a ello, destacó la importancia del trabajo conjunto con líderes de distintas tradiciones: pastores, sacerdotes, rabinos y laicos que han construido “escuelas de valores” en todo el territorio nacional. Para él, estas comunidades religiosas representan un cimiento moral indispensable para la reconstrucción del país.
“El Tigre ruge por la fe. Dios bendiga Colombia”, expresó.
Una historia de búsqueda espiritual
Abelardo De La Espriella compartió detalles profundos de su experiencia espiritual. Durante muchos años, dijo, fue ateo y confiaba únicamente en aquello que la razón podía explicar. Sin embargo, la muerte de una prima muy cercana abrió un camino que no esperaba: “Empecé a sentir la presencia de Dios. Sentí paz por primera vez en mucho tiempo”. Desde entonces, afirma, la fe se ha convertido en el centro de su vida y en un vínculo permanente con quienes ha perdido.
Como parte de ese proceso, adoptó la lectura diaria de la Biblia —35 minutos cada mañana— y afirma que la cercanía con Dios lo ha hecho una mejor persona. Para él, la sabiduría divina no sólo transforma la vida individual, sino que orienta el liderazgo con rectitud, coherencia y serenidad.
Su visión para el país, asegura, también tiene un componente espiritual: una Colombia en la que la familia sea el primer bastión de la patria, donde se formen ciudadanos con valores sólidos, y donde la libertad religiosa sea una fuente de unión y no de división.
Todo ello se enmarca, insiste, en el respeto total por la Constitución, por la democracia y por el Estado de derecho. Su defensa de la fe no implica imposición religiosa ni confrontación, sino la protección de un principio que considera sagrado para la libertad de todos: la libertad de culto.
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