01 de diciembre de 2025, 19:35 pm
En política hay momentos en los que la realidad se impone con una claridad que ni los cálculos ni las mesas de negociación pueden maquillar. Durante su conversación con la Revista Semana, Abelardo De La Espriella dejó ver justamente eso: mientras algunos actores siguen atrapados en disputas internas y vetos cruzados, él avanza con una convicción que ya no depende de partidos tradicionales, sino de un mandato directo del pueblo.
Un país agotado por las peleas internas
La pregunta sobre las tensiones en el Centro Democrático —y la demora en definir un candidato único— abrió un punto crucial, el país no puede seguir esperando a que los partidos resuelvan sus líos internos. El precandidato presidencial fue directo.
Cada colectividad debe resolver su propio desorden. Él, en cambio, está concentrado en sacar adelante un movimiento que no nació en una oficina, sino en las calles, en las plazas, en la voz de millones.
Mientras algunos aún discuten quién debe encabezar qué comité, Defensores de la Patria se ha convertido en una fuerza viva que recoge la indignación, la esperanza y el anhelo de cambio de los colombianos.
Cuatro millones de firmas: más que un requisito, un mandato
La cifra no es un detalle técnico: más de cuatro millones de firmas serán entregadas en la primera semana de diciembre.
No son un gesto simbólico ni un trámite jurídico. Son —como lo dijo De La Espriella— un mandato popular, una orden directa del pueblo colombiano. Quien firma no está apoyando a un candidato provisional, ni a un aspirante condicionado a decisiones ajenas.
Una advertencia clara: si no hay encuesta, otros están jugando a otra cosa
En su propuesta de unidad, De La Espriella planteó una encuesta antes del 10 de diciembre para elegir al candidato único del sector democrático. Pero dejó claro que si algunos prefieren dilatar, bloquear o enredar el proceso, es porque no están pensando en el país, sino en su propio cálculo.
Quien no quiera medirse en una encuesta abierta, verificable y transparente, está mandando un mensaje inequívoco: no confía ni en su propio respaldo ni en la voluntad popular.
Y De La Espriella no está dispuesto a permitir que esa indecisión arrastre al país al abismo.
El límite es marzo: y no piensa vivir supeditado a vetos y caprichos
El candidato fue enfático, no se someterá a un proceso que lo mantenga congelado hasta marzo, dependiendo de lo que decidan o no decidan varios sectores políticos que un día lo vetan y al siguiente lo censuran.
Si otros candidatos quieren seguir en discusiones internas eternas, allá ellos. Él no está jugando a lo mismo.
Cuando le preguntaron si, en caso de no haber encuesta en diciembre, iría directamente a primera vuelta, la respuesta fue tan sobria como decidida: “Yo sigo trabajando. No puedo parar”.
Tiene razón: mientras varios aspirantes juntos no alcanzan un porcentaje relevante, la izquierda avanza sin frenos. Esperar indefinidamente sería un acto de irresponsabilidad política y moral.
Defensores de la Patria no nació para ser un proyecto decorativo. Nació para competir, para liderar y para ofrecerle al país una alternativa clara. Y si las condiciones de unidad no se dan por culpa de quienes siguen atrapados en viejas lógicas partidistas, el movimiento no se detendrá.
No es terquedad: es obediencia a quienes ya decidieron
Quien firma por Abelardo De La Espriella no firma por una coalición incierta ni por un pacto condicionado. Firma por un liderazgo al que quiere ver en la contienda presidencial. Firma porque sabe que este proyecto no depende del permiso de nadie.
Ese mandato es más fuerte que cualquier mesa política. Más legítimo que cualquier encuesta privada. Más claro que cualquier vetador profesional.
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