Noviembre 25, 2025. 11:40 a.m.
Para Abelardo De La Espriella, precandidato presidencial y líder de Defensores de la Patria, la política de paz en Colombia requiere un giro completo. Después de más de una década de intentos fallidos, concesiones y procesos que desembocaron en nuevas estructuras criminales, sostiene que es momento de admitir lo que dicta la experiencia empírica: los diálogos de paz con grupos armados no han traído tranquilidad duradera, ni han reducido la violencia en el territorio, ni han fortalecido la institucionalidad.
En sus palabras, ha quedado demostrado que “todos esos procesos han salido mal, han salido al revés”.
De La Espriella recuerda cómo el país vio a una guerrilla desmovilizarse para luego ver cómo surgían nuevas estructuras criminales; cómo el ELN negociaba cuando le convenía y se trataba cuando podía presionar al Estado.
El abogado señala que estos ciclos de negociación han debilitado la confianza ciudadana y han erosionado la capacidad del Estado para imponer su autoridad. Por ello, plantea un cambio de enfoque: una política de seguridad que deje atrás la retórica y se base en la aplicación estricta de la ley y la fuerza legítima del Estado.
Según él, la “paz total” no solo no cumplió su promesa, sino que empeoró la situación al abrir espacios para que grupos ilegales aumentaran su influencia, ampliaran su financiamiento y mantuvieran regiones enteras bajo intimidación. Para De La Espriella, la evidencia demuestra que no se puede seguir apostando a modelos que han fracasado una y otra vez.
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La ‘Pax Romana’: imponer la tranquilidad mediante autoridad y justicia
Al hablar de una alternativa, De La Espriella propone un modelo que define como ‘Pax Romana’: una paz que se impone con la aplicación firme de las leyes y la protección inequívoca de la institucionalidad.
Deja en claro que no se trata de violencia, sino de autoridad, legalidad y Estado de derecho. Sostiene que “la paz se impone con la fuerza de las armas y las leyes de la República”, siempre dentro del marco constitucional, y con una estrategia clara para desarticular el poder criminal.
Su planteamiento es directo: “Se acaban los diálogos de paz”. Explica que no habrá más negociaciones con grupos armados, pero sí un camino transparente para el sometimiento a la justicia. Quien se someta será encarcelado en condiciones que eviten la continuidad del delito, particularmente la extorsión que hoy, según él, tiene origen en un porcentaje significativo dentro de las cárceles. Y quien no se someta, enfrentará la acción legítima del Estado, conforme a la ley.
Su propuesta incorpora elementos de inteligencia aérea, control territorial, interdicción contra el narcotráfico y programas de erradicación, acompañados de sustitución para las comunidades que no hacen parte de las estructuras criminales. De La Espriella enfatiza que la fuente de financiación del crimen organizado (el narcotráfico) debe ser atacada desde el primer día, con aspersión aérea y operativos focalizados.
A la par, el precandidato reconoce que la seguridad no puede ignorar el componente social. Las familias campesinas dedicadas al cultivo de uso ilícito deben tener alternativas reales, programas de inversión productiva y acompañamiento estatal que evite que vuelvan a ser cooptadas por organizaciones ilegales. Sin desarrollo rural, dice, no puede haber estabilidad.
En su visión, esta estrategia no es improvisada ni aislada: se nutre de ejemplos de países que, según él, han logrado resultados contundentes en la recuperación de la autoridad del Estado.
Liderazgos para la realidad de Colombia
Señala que el liderazgo de Bukele en seguridad, el enfoque económico de Milei y la estrategia de firmeza institucional del presidente Trump muestran caminos, aunque insiste en que su propuesta es original y adaptada a la realidad colombiana.
“Las fotocopias siempre son grises”, afirma, subrayando que su plan no replica modelos extranjeros, sino que se fundamenta en la tradición de seguridad democrática que en su criterio ya demostró ser efectiva en Colombia.
Para De La Espriella, recuperar la seguridad es recuperar la esperanza. Al final, su mensaje es que un país sin miedo puede volver a crecer, invertir y soñar. Y para que ese camino se abra, considera indispensable un liderazgo que asuma sin titubeos la defensa de la República.
Por eso invita a quienes comparten esa visión de autoridad legítima, institucionalidad fuerte y defensa de la ley a sumarse a su proyecto:
“Este es el momento de unirnos en torno a la reconstrucción de Colombia. Quienes creen en una paz basada en justicia y seguridad están llamados a unirse a Defensores de la Patria para proteger el futuro de nuestra nación”.