Córdoba en emergencia: liderazgo territorial frente a la tragedia

16 de febrero de 2026.

En medio de la emergencia que golpea a Córdoba, el debate público gira en torno a responsabilidades, previsión y capacidad institucional. Pero también ha puesto en evidencia el papel del liderazgo territorial en momentos críticos.

En ese contexto, el candidato presidencial Abelardo De La Espriella destacó la actuación del gobernador Erasmo Zuleta Bechara, señalando que la tragedia “ha sido atendida de la mejor manera” desde la administración departamental.

La magnitud del desastre es innegable, municipios afectados, miles de familias damnificadas, pérdidas materiales y productivas significativas. Sin embargo, el énfasis estuvo en la forma en que la Gobernación estructuró la respuesta.

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Según lo expuesto, Zuleta y su equipo activaron de inmediato un Puesto de Mando Unificado (PMU), mecanismo clave en cualquier emergencia de gran escala. Esta herramienta permite coordinar autoridades locales, organismos de socorro, fuerza pública y entidades técnicas bajo una misma línea de acción.

No se trata únicamente de presencia institucional, sino de articulación operativa. En situaciones de desastre, la descoordinación puede ser tan dañina como el fenómeno natural mismo.

Gestión técnica frente a la improvisación

Uno de los puntos centrales fue la diferencia entre gestionar y politizar una crisis. La tragedia —según lo señalado— no puede abordarse desde la confrontación o la búsqueda de culpables inmediatos, sino desde la capacidad de reacción técnica y humana.

La instalación de un PMU implica priorización de zonas críticas, monitoreo permanente, distribución de ayudas y seguimiento logístico. Es decir, decisiones basadas en información en tiempo real, no en declaraciones mediáticas.

En ese sentido, el reconocimiento al gobernador se centró en su capacidad de liderazgo visible, coordinación constante y compromiso directo con las comunidades afectadas.

La emergencia en Córdoba no es menor. Las cifras son contundentes: miles de personas impactadas, pérdidas en el sector agrícola y ganadero, daños en infraestructura y afectaciones humanitarias profundas.

En este escenario, el enfoque planteado es claro: las tragedias no se superan con discursos cruzados ni con disputas partidistas. Se superan con decisiones rápidas, ejecución disciplinada y presencia permanente en el territorio.

El valor del liderazgo territorial

El reconocimiento público a la gestión del gobernador subraya una tesis más amplia: en crisis complejas, el liderazgo local es determinante. Los gobernadores y alcaldes son la primera línea de respuesta, incluso antes de que la ayuda nacional se consolide.

La tragedia aún exige atención, reubicación y reconstrucción. Pero también deja una lección: la gestión del riesgo no puede depender exclusivamente del nivel central. Los territorios requieren gobernantes con capacidad de reacción, equipos técnicos preparados y mecanismos claros de coordinación.

El reconocimiento a Erasmo Zuleta Bechara se enmarca en esa lógica: valorar la respuesta institucional que, dentro de las limitaciones propias de cualquier desastre natural, ha buscado actuar con orden y compromiso.

La emergencia continúa. Pero en medio del agua, la incertidumbre y las pérdidas, el liderazgo territorial se convierte en un factor decisivo para contener el daño y acelerar la recuperación.

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