Con el proceso de paz de Uribe con las autodefensas, ganó Colombia

Diciembre 3, 2025. 05:20 p.m. En el análisis de la historia reciente de Colombia, las narrativas sobre la paz y el conflicto suelen estar cargadas de imprecisiones o sesgos ideológicos. Sin embargo, para Abelardo De La Espriella, precandidato presidencial y líder de Defensores de la Patria, existe una verdad irrefutable que los datos y los hechos corroboran: el único proceso de desmovilización verdaderamente exitoso que ha tenido la República fue el adelantado durante el gobierno del expresidente Álvaro Uribe Vélez con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

Lejos de las interpretaciones que buscan equiparar este hito con las negociaciones fallidas con las guerrillas, De La Espriella ofrece una lectura jurídica y política audaz: lo que ocurrió no fue una negociación entre iguales, sino una estrategia maestra del Estado para desarmar a una estructura criminal bajo reglas de juego que terminaron favoreciendo a la institucionalidad y no a los bandidos. “Ese proceso no fue un proceso de paz. Eso es lo único exitoso que ha tenido la historia de Colombia. Pero en realidad, si tú te pones a ver el proceso de paz con los paramilitares, eso fue un proceso de sometimiento“, sentencia el precandidato.

Para el líder de Defensores de la Patria, la clave del éxito radicó en la inteligencia estratégica del gobierno de turno. De La Espriella destaca la astucia del expresidente Uribe quien propuso el diseño de un marco jurídico que, bajo la apariencia de un proceso de paz, condujo a los cabecillas paramilitares a un escenario de justicia mucho más severo del que habrían enfrentado en la justicia ordinaria.

Terminaron haciendo que los ‘paracos’ firmaran un proceso que en realidad era un sometimiento“, explica el abogado. Su análisis sugiere que, si los criminales hubieran calculado fríamente las consecuencias, habrían preferido la justicia ordinaria; pues hoy, muchos de ellos seguirían libres o con penas menores. En cambio, la realidad fue contundente: extradición, cárceles de máxima seguridad en Estados Unidos y el desmantelamiento de su estructura de mando. “Si solo fuera la aplicación de la ley en Colombia, va y venga, pero el presidente los extraditó. Hay unos que siguen presos en los Estados Unidos”, precisa De La Espriella.

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El triunfo del Estado sobre la criminalidad

Esta visión pragmática contrasta radicalmente con los modelos de negociación posteriores, que el precandidato presidencial califica como fracasos rotundos que han debilitado la democracia. 

Además, desestima las críticas que sugieren una metamorfosis total del paramilitarismo en bandas criminales, argumentando que, si bien quedaron reductos, como ocurre en cualquier postconflicto, las cifras de desmovilización y la reducción de la violencia en ese periodo son “bárbaras” e innegables.

La crítica de De La Espriella se agudiza al comparar este éxito con lo que él denomina la “opereta de la JEP” (Jurisdicción Especial para la Paz) y los procesos con las Farc y el ELN. Para el líder político, el 99 % de los llamados procesos de paz en Colombia han salido mal porque parten de una premisa equivocada: la claudicación del Estado ante el crimen. “Lo que hay que hacer es aplicar la ley y acabar con esos falsos procesos que lo que terminan es afectando la institucionalidad, la democracia y la percepción que de las instituciones tiene la ciudadanía”, afirma.

El mensaje que se envía a la sociedad cuando se negocia la ley es devastador. De La Espriella cuestiona la utilidad de tribunales que emiten condenas simbólicas o “saludos a la bandera”, mientras la impunidad reina en las calles. Su propuesta para el futuro de Colombia se basa en retomar el camino que ya demostró funcionar: la autoridad.  

Súmate al ejército de Defensores de la Patria y trabajemos juntos por una Colombia más segura, próspera y justa.

¡Firme por la Patria!

 

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