Abelardo De La Espriella, precandidato presidencial de Defensores de la Patria, creció en un entorno donde la libertad se respiraba en las calles. Las casas no tenían rejas, los vecinos se sentaban a conversar en las terrazas, y ofrecer un vaso de agua a un desconocido era una muestra natural de confianza. “Yo quiero que volvamos a esa época, a la de la gente en las puertas, la de la comunidad que no teme”.
Su infancia transcurrió entre el mar, la finca, la naturaleza y la música del Caribe. Una niñez tranquila, conectada con lo esencial, marcada por el sentido de pertenencia, la fe y la alegría de vivir.
Recuperar las costumbres que nos hicieron nación
De La Espriella sostiene que esas tradiciones —la cercanía, el respeto, la hospitalidad— son el verdadero tejido social que mantiene viva a Colombia. “Hoy vivimos tras las rejas, desconfiados, con miedo. Y eso no es progreso. El alma del país está en esas pequeñas costumbres que nos recuerdan quiénes somos”.
Para el precandidato presidencial, la reconstrucción nacional no empieza en los ministerios, sino en las familias, en las costumbres, en la educación del corazón. Volver a las terrazas, a los saludos y a la confianza entre vecinos, es recuperar el espíritu del país que alguna vez fuimos.
Volver a las tradiciones es volver a la patria.
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