Un liderazgo que inspire a Colombia por la senda del progreso y la libertad

20 de noviembre de 2025, 10:05 pm —  Redactado por: Gineth Gómez

Petro es el pasado. Los Defensores de la Patria y yo somos el futuro. Así, contundente, Abelardo De La Espriella respondió en la entrevista con Realidades Ocultas, cuando le preguntaron por el presidente Petro y los escándalos recientes.

El candidato de Defensores de la Patria no quiso perder un minuto hablando del derrumbe moral del gobierno; prefirió hablar del tipo de liderazgo que Colombia sí necesita: uno que inspire, que guíe y que saque al país del desgobierno hacia la ruta del progreso y la libertad.

El liderazgo que Colombia merece

El precandidato presidencial definió su visión de liderazgo con tres cimientos: La sabiduría de un filósofo, las virtudes de un hombre de fe profunda y la fuerza de un guerrero.

Ese liderazgo —dijo— debe guiar a Colombia “como corresponde por la senda del progreso, la libertad y la prosperidad”. No desde la soberbia, sino desde la virtud; no desde la imposición, sino desde el ejemplo.

Para él, un país que atraviesa una crisis moral y espiritual no se reconstruye con tecnicismos vacíos, sino con principios firmes. Esa es, según él, la gran diferencia entre lo que hoy existe en la Casa de Nariño y lo que debería existir.

“Y eso es imposible si el núcleo fundamental de la sociedad no funciona, que es la familia”, señaló el líder de Defensores de la Patria, que se declaró, sin rodeos, un hombre de familia “por esencia y por definición”.

Ese punto se vuelve aún más contundente cuando contrasta lo que considera el ejemplo del actual presidente. “Es todo lo que un líder no debe ser”. Enumeró conductas que, según él, erosionan la credibilidad de cualquier figura pública: desconocer a los hijos, ofender a las hijas, exponer a la familia a escándalos públicos y convertir la vida privada en caos nacional.

Un liderazgo así —advirtió— no guía, no inspira y no construye: “Es un liderazgo malo, perverso, negativo, que termina afectando a la sociedad entera”.

De la Espriella señaló que la ruina económica, la violencia, la desinstitucionalización y el deterioro del país son síntomas de algo más profundo: una crisis moral.

“No solamente es una batalla democrática; es una guerra espiritual y moral”. Para él, Colombia ha perdido la brújula ética y necesita recuperarla con urgencia.

La familia como primera escuela del líder

La receta que plantea no es un decreto ni un programa, sino un regreso a los principios originales: Respeto por la familia, disciplina, virtudes cívicas, defensa del carácter y moralidad en el ejercicio del poder.

La conclusión fue tan dura como esperanzadora:
ningún liderazgo puede producir frutos buenos para la nación si no está inspirado en la virtud. Y ninguna virtud puede sostenerse si no existe una familia que la respalde.

“Tenemos que volver a eso”, dijo. No como consigna nostálgica, sino como requisito para reconstruir un país roto por gobiernos amorales.

El liderazgo que propone es uno que inspira desde la coherencia, guía desde la fortaleza y gobierna desde los principios. Un liderazgo con raíces, con norte moral y con carácter para llevar a Colombia hacia su verdadera vocación: el progreso, la libertad y la prosperidad.

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