Se gana con las mayorías, pero se gobierna para todos

El Petrismo y sus electores: dos realidades distintas 

La entrevista de Abelardo De La Espriella en Blu Radio dejó una idea que resonó más allá del estudio: Colombia no puede seguir dividiéndose entre bandos irreconciliables. El precandidato presidencial dejó claro que su proyecto no busca alimentar la confrontación, sino ofrecer un camino de regreso a la sensatez y al rumbo perdido.
“Son dos cosas diferentes: una cosa es el petrismo que destruyó a Colombia y otra la gente que fue engañada y hoy está arrepentida”, afirmó, abriendo la puerta a un concepto clave en su visión de país: el arrepentido no es enemigo, es un colombiano que merece volver a confiar.

El mensaje fue directo: no se trata de dividir al país entre enemigos y aliados, sino de recuperar a quienes fueron defraudados por un gobierno que prometió justicia social, pero dejó inseguridad, crisis económica y corrupción rampante.

Recibir a los arrepentidos para reconstruir a Colombia

De La Espriella fue enfático: su proyecto recibe sin reproches a quienes se equivocaron y hoy buscan una opción distinta. “Voy a recibir a todos los que están arrepentidos para que entre todos construyamos un nuevo país”, afirmó.

La frase desnuda una estrategia fundamental de su campaña: ensanchar, no excluir. Reconocer que millones votaron por una promesa que terminó siendo un espejismo no implica juzgarlos, sino invitarlos a corregir el rumbo. Para él, el arrepentimiento no es un estigma: es el primer paso hacia la unidad nacional.

Lo que no hará, según dijo en Blu Radio, es desgastarse en convencer a quienes, incluso frente a los hechos, prefieren negar la realidad. “No puedo pelear con gente que pelea con las matemáticas, con las estadísticas, con los hechos”. Ese sector —aunque del otro extremo político— también será beneficiado por un buen gobierno, pero no será la base que impulse las reformas necesarias.

En la entrevista, el líder natural de Defensores de la Patria dejó claro que la gobernabilidad futura no se construirá sobre revanchas ni exclusiones. Se construirá sobre principios fundacionales: la familia como núcleo social, la seguridad como pilar del orden, la fuerza pública empoderada, el combate frontal a la corrupción, la recuperación económica, la fe como guía espiritual y las oportunidades para la juventud.

Para él, esos valores no son negociables, pero sí son incluyentes. Son el marco dentro del cual puede gobernarse para todos, incluso para quienes hoy están en desacuerdo o se encuentran —como lo dijo— “en otra orilla”.

Ganar con las mayorías, gobernar para todos.

La frase central de su intervención fue una síntesis precisa de su visión democrática:
“Tú ganas con las mayorías, pero gobiernas para todos. Eso no tiene discusión”. 

De la Espriella subrayó que llegar a la Presidencia de la República no otorga licencia para gobernar solo a favor de quienes votaron por él. La victoria electoral da legitimidad, pero el mandato moral obliga a garantizar bienestar, seguridad y oportunidades para cada colombiano, sin importar su preferencia política.

Sin embargo, aclaró que las mayorías lo eligen por una razón: porque comparten los valores que él representa. Y esos valores —dijo— serán la brújula de su gobierno. No gobernará a favor de minorías ideológicas que han puesto en riesgo la institucionalidad, pero tampoco gobernará en su contra. Simplemente gobernará desde los principios que la mayoría del país respalda.

El precandidato presidencial dejó clara su fórmula: firmeza para derrotar el modelo que destruyó al país, y apertura para recibir a todos los colombianos que estén dispuestos a reconstruirlo.

Lo que propone no es un gobierno para un lado del mapa político, sino un gobierno para la nación entera. La diferencia está en que la reconstrucción no se hará diluyendo convicciones, sino afirmándolas.

Las mayorías lo llevarán al poder, pero el país completo —incluido el que no vote por él— será beneficiado por un gobierno basado en orden, seguridad y prosperidad. Porque para De La Espriella, la victoria se obtiene con votos, pero la grandeza se obtiene gobernando para todos.

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