Por: Redacción Defensores de la Patria
Para combatir el terrorismo, Abelardo De La Espriella propone una estrategia integral que combine superioridad operativa del Estado, inteligencia financiera y presencia civil sostenida en los territorios.
No se trata solo de capturar cabecillas; el objetivo es impedir la reposición de estructuras cortando sus fuentes de financiación y restableciendo la normalidad democrática en municipios y veredas hoy sometidos por el crimen.
El primer componente es el fortalecimiento del Ejército y la Policía con criterios modernos, como doctrina actualizada, pie de fuerza donde haga falta, tecnología que permita anticipar movimientos criminales y capacidades de vigilancia de frontera que cierren los corredores del contrabando, las armas y los insumos para el narcotráfico.
A ello se suma la inteligencia financiera para seguir la ruta del dinero, identificar testaferros y golpear los patrimonios ilícitos, el verdadero ‘talón de Aquiles’ de las bandas.
Esta propuesta enfatiza una presencia permanente del Estado donde jueces y fiscales funcionen en pro de la ciudadanía, escuelas y hospitales que abran todos los días, y obras públicas para viabilizar los territorios.
Allí donde la ley llegue con oportunidades y servicios, el reclutamiento criminal pierde atractivo, y esta “ocupación institucional” debe planearse con metas y cronogramas claros para evitar los vacíos que los violentos aprovechan.
La interoperabilidad entre Fuerza Pública, Fiscalía y unidades especializadas como la UIAF sería el segundo pilar.
Un mando unificado para crisis regionales, protocolos de intercambio de información y equipos conjuntos en territorio reducirían la dispersión de esfuerzos; con eso, el Estado gana tiempo de reacción, mejora la calidad de la evidencia y judicializa con mayor solidez; sin condenas oportunas, toda victoria operativa se diluye.
El plan plantea, además, tableros de control públicos con metas medibles como reducción de homicidios, desplazamientos y extorsión; aumento de denuncias formalizadas y de la confianza en autoridades locales.
Otro punto importante es recuperar el territorio, esto significa que alcaldes y concejos puedan sesionar sin presiones, que la contratación pública se haga sin “impuestos” a grupos ilegales y que el comercio vuelva a operar sin “vacunas”.
La seguridad, así entendida, no es un fin en sí mismo, es la condición para que florezcan la inversión, el empleo y los proyectos comunitarios que consolidan la paz cotidiana.
Vencer y castigar al narcoterrorismo implica mucho más que operativos exitosos, supone un Estado que recupere el terreno, que administre justicia a tiempo, que asfixie las finanzas criminales y que ofrezca una vida mejor a quienes hoy están entre el miedo y la necesidad.
Ese es el corazón de la propuesta de Abelardo De La Espriella, seguridad con control territorial efectivo para devolverle a Colombia la normalidad democrática que nunca debió perder.