POCIONES, BREBAJES Y CONTRAS PARA LA POLÍTICA

Hay temas en política que exigen un alto grado de misticismo, cierto análisis de lo paranormal o, en el mejor de los casos, actos de fe. Y es que cualquier lector desprevenido de este breve texto podría adentrarse en el mundo de las “no encuestas”, ese fenómeno en el que estamos metidos por cuenta de la prohibición de realizar sondeos en los albores de las campañas políticas.

En ese submundo de gráficas clandestinas y rumores estadísticos, hay un candidato que no figura, no columbra, no aparece ni siquiera en el margen de error. Y, sin embargo, dos medios —uno nacional y otro local de Medellín— lo sacan del sombrero como si fuera el más popular de los aspirantes, el favorito inesperado de la contienda. ¿Alguien puede explicarme la receta? ¿Cómo es posible que un candidato que no reclama ningún sector aparezca tan inflado?

Al “deconstruir” semejante brebaje, se me antoja pensar en ciertos empresarios y políticos muy devotos que intentan engordarlo con la esperanza de que algunos líderes, por mera cortesía o agradecimiento, lo dejen pasar sin ruido, como quien hace venias para no agitar el avispero. La apuesta es sencilla: si Uribe lo acepta, las bases obedecen.

Pero esa pócima de peinado old style trae su contra. Y en esa botella la etiqueta es clara: Santista, por más que lo niegue. Santista antes que uribista; apoyó el proceso de paz, invitó a votar por el Sí, saltó de ministro a otro cargo estratégico del santismo y luego se esfumó, como esperando que el olvido fuera el brebaje que lo llevara a la carrera presidencial. Pero esa mancha no se borra. Ningún verdadero uribista puede olvidar, aunque el propio Uribe decida callar.

Santista otra vez, porque no hay más.

 

SEBASTIÁN BUILES VARGAS

 

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