El líder de Defensores de la Patria es categórico: un país con exceso de normas es un país paralizado. En su visión, hay derecho pero no hay justicia, y como abogado de formación asegura que el marco legal colombiano se ha convertido en una red de obstáculos que frena a los emprendedores en lugar de acompañarlos.
“Tenemos demasiada regulación. Hay leyes para todo. Colombia necesita desregularizar la vida de la gente, simplificar el sistema y permitir que florezcan las iniciativas privadas”, afirmó en entrevista con Ricardo Galán, al tiempo que aseguró que el Estado debe intervenir “lo menos posible” en la vida del ciudadano.
Para Abelardo De La Espriella, la fórmula para que Colombia despegue económicamente no está en más burocracia ni en nuevos impuestos sino en lo contrario: reducir la maraña de leyes, recortar la intervención estatal y liberar al ciudadano para que pueda crear empresa con facilidad.
Esa burocracia, según De La Espriella, no solo frena la competitividad, sino que expulsa a los emprendedores hacia la informalidad, donde ya está más del 60 % de la fuerza laboral.
Su propuesta no significa ausencia de reglas, sino reglas claras, pocas y firmes, que den confianza a los inversionistas y a la ciudadanía. “El Estado debe ser árbitro, no jugador; debe garantizar que las cosas funcionen, pero sin convertirse en un obstáculo para quienes quieren trabajar y generar riqueza”, remarcó.
De La Espriella sostiene que la libertad económica es el motor de la prosperidad, y que para alcanzarla es necesario derogar buena parte de las leyes que asfixian a los empresarios. “Hay que reducir el tamaño del Estado y desregularizar los negocios para que la gente tenga verdadera libertad económica”, insistió.
Con este planteamiento, Abelardo De La Espriella se ubica en la línea de líderes que han abogado por la simplificación normativa y la eficiencia del aparato público, convencido de que cuando el Estado se reduce, la sociedad se expande.
Más que una promesa, el precandidato lo presenta como una necesidad: Colombia no puede seguir atrapada en el laberinto burocrático que hoy desalienta la inversión, encarece los trámites y convierte al emprendedor en un luchador contra el papeleo. La apuesta es clara: menos trabas, más empresa, más empleo.
En sus palabras, se trata de devolverle a los colombianos el derecho a soñar y a producir: “Un país con libertad económica es un país de ciudadanos fuertes, no de súbditos del Estado”.