07 de enero de 2026, 21:45 pm
Sin maquinaria, sin chequeras y sin intermediarios políticos, la recolección de firmas se convirtió en una demostración de respaldo ciudadano directo, sostenido por convicción y no por cálculo electoral.
En una entrevista con Noticias Caracol, Abelardo de la Espriella se detuvo en un punto que suele pasar desapercibido en la política colombiana, cómo se construye una candidatura cuando no existe una estructura partidista detrás, ni una maquinaria territorial aceitada, ni una red de favores que se activa en época electoral. Su respuesta fue directa: con firmas recogidas “con fervor y patriotismo en todos los lugares del país”.
Lejos del tecnicismo del trámite, la recolección de firmas fue presentada como un acto político en sí mismo. No como un requisito legal que se cumple a regañadientes, sino como un termómetro real del ánimo ciudadano. En plazas, calles, carreteras, universidades y barrios, el respaldo no llegó mediado por líderes locales ni por contratos, sino por personas que decidieron firmar convencidas de estar participando en algo más que una formalidad electoral.
Firmar como acto de convicción
En Colombia, la firma suele verse como un simple paso administrativo. Para De La Espriella, el proceso tomó otra dimensión. Cada firma representó una decisión consciente de apoyo, asumida sin promesas a cambio y sin estructuras que presionaran o indujeran el respaldo.
Ese matiz no es menor. En un sistema político acostumbrado a confundir movilización con clientelismo, la firma voluntaria rompe una lógica instalada durante décadas. No hubo buses contratados, refrigerios repartidos ni listas cerradas de votantes cautivos. Hubo, según lo planteado en la entrevista, ciudadanos que se acercaron por iniciativa propia, impulsados por una mezcla de inconformidad, esperanza y sentido de pertenencia.
El énfasis en el “fervor” no es retórico. Remite a una participación emocional y política que no se compra ni se ordena. La firma, en ese contexto, se transforma en una declaración de principios: estoy aquí porque quiero estarlo.
Un recorrido sin atajos
La recolección de firmas también evidenció una diferencia de método. Mientras otros proyectos políticos se apoyan en estructuras heredadas o en alianzas de conveniencia, este proceso implicó recorrer el país sin atajos. Escuchar, debatir, recibir apoyo y también críticas, sin el filtro de intermediarios.
El precandidato aseguró que ese contacto directo tuvo un efecto doble. Por un lado, permitió medir el respaldo real, sin inflarlo artificialmente. Por otro, obligó a confrontar la diversidad del país: regiones con problemáticas distintas, prioridades opuestas y lecturas muy diferentes de la realidad nacional.
El resultado fue un proceso más lento, pero también más auténtico. No hubo una sola Colombia recogiendo firmas, sino muchas colombias expresándose de manera simultánea. Esa diversidad, lejos de debilitar el proceso, lo dotó de una legitimidad difícil de replicar desde un escritorio o una sede partidista.
Patriotismo sin consignas vacías
Hablar de patriotismo suele generar suspicacia. En la entrevista, el término fue utilizado sin grandilocuencia, asociado a un gesto concreto: participar activamente en la definición del rumbo político del país. Firmar no como acto simbólico, sino como ejercicio de responsabilidad ciudadana.
Ese patriotismo se expresó en historias pequeñas, pero reveladoras: personas que se acercaban después de su jornada laboral, adultos mayores que pedían explicaciones antes de firmar, jóvenes que veían en el proceso una forma de romper con la apatía política. No hubo una narrativa única, sino múltiples razones que convergieron en un mismo acto.
Al final, la recolección de firmas cumplió su función legal. Pero su verdadero valor fue político. Funcionó como una señal temprana de respaldo, como una radiografía del descontento y, al mismo tiempo, como una muestra de que todavía existe disposición a participar cuando la gente siente que su voz cuenta.
Quizá el elemento más relevante de todo el proceso sea este: las firmas no crean compromisos ocultos. No generan deudas políticas ni hipotecas futuras. Quien firmó no espera un contrato, un puesto o un favor. Espera coherencia.
Esa expectativa es, al mismo tiempo, una fortaleza y una exigencia. Obliga al líder de Defensores de la Patria a sostener el discurso en el tiempo y a responderle no a una estructura, sino a una ciudadanía que ya dio el primer paso sin pedir nada a cambio.
En un escenario político marcado por el escepticismo, la recolección de firmas con fervor y patriotismo no garantiza triunfos, pero sí establece una diferencia de origen. Y en política, el origen importa. Mucho más de lo que suele admitirse.
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