09 de enero de 2026, 20:05 pm
El precandidato presidencial Abelardo De La Espriella dejó un mensaje claro durante su paso por la sección Inexpertas de Bésame Radio, Colombia aún no está condenada, pero el margen de error se agotó. Para él, el 2026 no es una elección más, es el último movimiento posible en un tablero donde el país se juega su futuro.
“El ambiente está complicado, claro que sí”, reconoció, sin rodeos. “Pero incluso en los peores partidos, cuando ya casi todo está perdido, siempre hay una última jugada que se puede hacer. Y esa jugada depende de todos nosotros”.
Ganar en 2026 no es un triunfo personal, es una necesidad nacional
De La Espriella fue enfático en separar su aspiración política de cualquier ambición individual. “Yo no estoy aquí por vanidad ni por poder”, dijo. “Estoy aquí porque tengo perfectamente claro que tengo la valentía suficiente para hacer lo que Colombia necesita”.
En su visión, ganar las elecciones de 2026 no representa un logro personal ni una victoria partidista. Es, más bien, la condición mínima para iniciar la reconstrucción de un país que —a su juicio— ha sido empujado al borde del colapso institucional, moral y económico.
Fe, carácter y responsabilidad histórica
Lejos del discurso técnico o del cálculo electoral, el líder de Defensores de la Patria introdujo un elemento poco frecuente en la narrativa política actual: la fe como motor de acción, no como excusa para la inacción.
“Tenemos que tener fe en Dios y tenemos que tener esperanza”, señaló, pero aclaró de inmediato que la esperanza, por sí sola, no cambia nada. “Ese último movimiento depende de todos nosotros”.
El precandidato insistió en que Colombia no necesita más administradores del problema, sino líderes capaces de tomar decisiones difíciles. “Tengo la suficiente valentía para hacer lo que Colombia necesita”, reiteró.
Esa valentía, según explicó, no consiste en discursos grandilocuentes, sino en asumir costos políticos, enfrentar intereses enquistados y decir lo que muchos prefieren callar para no incomodar.
En ese sentido, el 2026 aparece en su discurso no como una meta personal, sino como una frontera histórica: o se corrige el rumbo, o se normaliza el deterioro.
Una elección que define generaciones
El mensaje se volvió aún más claro: esta no es una elección para ganar o perder, es una elección para decidir qué país se le entrega a las próximas generaciones.
“Ese último movimiento se puede hacer”, insistió. Pero advirtió que no habrá segundas oportunidades indefinidas. La historia no espera y la política tampoco.
La invitación quedó planteada sin adornos: fe, carácter, decisión y compromiso. Para De La Espriella, triunfar en las elecciones de 2026 no es el objetivo final. Es apenas el primer paso para que, por una vez, gane Colombia.
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