Abelardo De La Espriella fue categórico: no habrá espacio para la legalización de la marihuana en su gobierno. Su postura no deja margen a dudas, “la marihuana es la puerta de entrada a otras drogas”, sentenció.
Su visión sobre la marihuana y las drogas es tajante. “Nunca he consumido drogas de ninguna clase, ni las voy a consumir. Yo soy antidrogas”, afirmó.
Su postura no es nueva, pero sí cobra especial fuerza en medio de un debate nacional donde algunos sectores políticos insisten en legalizar el consumo recreativo como parte de una política de “reducción de daños”.
El precandidato aseguró que gobernar implica decisiones firmes, incluso si estas incomodan a ciertos sectores. Para él, la responsabilidad es clara: “Todo lo que pueda hacer para enmendar lo que está mal, lo voy a hacer, cueste lo que cueste y tarde lo que tenga que tardar”.
El líder de Defensores de la Patría es enfático: la droga, en su visión, no puede entenderse como un asunto de libertades individuales sino como la raíz de un problema estructural que degrada a la sociedad, corrompe instituciones y destruye familias.
La discusión sobre la marihuana recreativa ha ganado terreno en el Congreso de la República, pero la sociedad colombiana aún muestra resistencias. Según la más reciente encuesta Invamer (2023), el 58 % de los colombianos se opone a la legalización recreativa, mientras solo un 39 % la respalda. Ese dato refleja que la línea dura de De La Espriella conecta con la mayoría de la población que asocia las drogas con inseguridad y deterioro social.
El debate no es exclusivo de Colombia. En California, uno de los estados pioneros en legalizar el consumo recreativo en los Estados Unidos, los estudios han mostrado un aumento en el consumo juvenil y un florecimiento paralelo de mercados ilegales que siguen alimentando la criminalidad. En Canadá, pese a la regulación, el Observatorio de Drogas y Adicciones reportó que los niveles de consumo entre adolescentes no han disminuido y que el narcotráfico encontró formas de adaptarse al marco legal.
Estos ejemplos refuerzan la advertencia de De La Espriella, normalizar la marihuana no resuelve el problema, solo cambia de escenario el conflicto.
En un contexto donde más del 70 % de los colombianos asegura sentirse inseguro en su ciudad, según el DANE, la visión de De La Espriella conecta con un clamor popular profundo y está decidido a combatir la droga desde sus raíces, esa es la fórmula que propone Abelardo para devolver la seguridad y la dignidad a Colombia.
La propuesta de Abelardo adquiere un carácter combativo. Su mensaje es claro: no se trata de ser políticamente correcto ni de sumarse a la moda global, sino de proteger a las familias y rescatar a la nación de su peor tragedia.