A Abelardo De La Espriella la muerte no le preocupa. Así lo reveló en entrevista con Radio 1, tras explicar que es consciente de las amenazas que pesan sobre él.
El precandidato presidencial aseguró que su vida ya está bajo un riesgo extraordinario, pero que ese escenario no lo detendrá en su propósito de enfrentar la criminalidad y devolverle la tranquilidad a Colombia.
“Estoy bien cuidado, confío en Dios, confío en mi equipo de seguridad y es lo que tengo que hacer”, afirmó.
Con más de 30 hombres armados protegiéndolo en sus desplazamientos, reconoció que su situación es “grave y delicada”, pero insistió en que no retrocederá. Por el contrario, dijo, esa presión lo impulsa aún más a hacer lo que debe hacerse, aplicar mano de hierro contra todos los delincuentes, incluidos los corruptos.
El abogado y líder de Defensores de la Patria describió su visión de país con frases cargadas de determinación: “Sueño con que Colombia esté libre de ese cáncer de la violencia y de la inseguridad. Tengo el valor y el coraje para hacer lo que se necesita”.
Para De La Espriella, la clave está en atacar el narcotráfico, al que considera la fuente principal de la violencia en el país. “Tenemos 330.000 hectáreas de coca. Yo soy capaz de reiniciar la fumigación aérea y de bombardear campamentos guerrilleros con precisión tecnológica”, aseguró. Su plan contempla alianzas militares con Estados Unidos e Israel para dotar a la Fuerza Pública de drones, inteligencia artificial y armamento de primera línea.
El mensaje es claro: sin seguridad, no habrá inversión; sin inversión, no habrá prosperidad; y sin prosperidad, no habrá futuro. Para él, la ecuación no admite matices.
De La Espriella también lanzó una promesa que lo diferencia de la clase política tradicional, gobernar desde el territorio y sin privilegios. “Me comprometo a no salir del país en cuatro años, a ejercer el poder desde cada uno de los 32 departamentos y a no cobrar sueldo como presidente”, subrayó.
En tiempos en que gran parte de la ciudadanía desconfía de sus dirigentes, la narrativa de De La Espriella se construye sobre dos pilares: valentía personal y autoridad política. No teme a la muerte, porque su mayor miedo sería que Colombia siga atrapada en la violencia y la corrupción.
Para De La Espriella, el problema no es identificar los males del país: corrupción, violencia, desigualdad, sino tener el coraje de aplicar las soluciones. “Esto está sobrediagnosticado. La pregunta no es cuáles son los problemas o cuáles son las soluciones porque ya los sabemos. La pregunta es quién se atreve a aplicar los correctivos”.
Con esa línea, Abelardo De La Espriella refuerza la idea que lo acompaña desde que lanzó su precandidatura: no ha llegado a ser políticamente correcto, sino a hacer lo que el país necesita, cueste lo que cueste.