La calma como estrategia: Abelardo De La Espriella y el estoicismo aplicado a la vida

05 de enero de 2026, 11:00 pm
La forma en la que una persona reacciona cuando todo se complica dice mucho más de ella que cualquier discurso preparado. En ese terreno —el de la presión real, la incertidumbre y la adversidad— Abelardo De La Espriella se define con una sola palabra: estoicismo. No como pose intelectual ni como cita de manual filosófico, sino como una manera concreta de vivir, decidir y liderar.
Durante su entrevista con Carlos Trujillo, Abelardo explica que su motor interno no es la exaltación ni la ansiedad, sino la calma. Y en un país donde la reacción inmediata, el dramatismo y el ruido suelen marcar la conversación pública, esa postura resulta casi disruptiva.
Estoicismo: controlar lo que depende de uno
Cuando Abelardo habla de estoicismo, no lo hace desde la teoría abstracta. Lo traduce en una idea simple, pero poderosa: no dejarse afectar por aquello que no depende de uno. En ese principio se sostiene toda su forma de actuar. No es indiferencia ni frialdad, es claridad mental.
En términos sencillos, el estoicismo es una corriente filosófica que enseña a distinguir entre lo que depende de nosotros y lo que no, y a enfocar la energía exclusivamente en lo primero. Nació en la antigua Grecia, fue practicado por emperadores, soldados y pensadores, y tenía un objetivo claro: vivir con serenidad en medio de la incertidumbre, sin convertirse en esclavo de las emociones o de los acontecimientos externos.
No se trata de resignarse ni de aceptar la injusticia con los brazos cruzados. Se trata de entender que la verdadera fortaleza no está en controlar el mundo, sino en gobernarse a uno mismo. Desde esa óptica, la calma no es pasividad: es una herramienta estratégica.
Ese enfoque explica por qué Abelardo insiste en que el liderazgo —en los negocios, en la vida y en lo público— no puede ejercerse desde el desborde emocional. Para él, quien no controla su mundo interior termina siendo controlado por cualquier circunstancia externa.
Pensar es la verdadera pelea
Uno de los planteamientos más contundentes de esta parte de la entrevista es la idea de que “la pelea no es peleando, la pelea es pensando”. En un entorno donde muchos confunden liderazgo con confrontación, el candidato presidencial plantea lo contrario: la cabeza fría vale más que cualquier explosión emocional.
Según explica, en los momentos complejos su reacción natural es bajar el ritmo, no acelerarlo. Mientras otros suben el tono, él se vuelve más analítico. Esa actitud suele sorprender a quienes lo rodean, acostumbrados a líderes que gritan cuando algo no sale bien. Para Abelardo, gritar no resuelve nada; pensar sí.
Lejos de verlo como debilidad, Abelardo considera la calma una ventaja estratégica. En situaciones adversas —ya sea en negocios, en la vida personal o en escenarios públicos— conservar la serenidad permite tomar decisiones más acertadas. El caos emocional, por el contrario, nubla el juicio.
Por eso se define como una persona fría en los momentos difíciles, pero no distante. La frialdad de la que habla no es deshumanización, sino autocontrol. Es la capacidad de no dejarse arrastrar por el pánico colectivo ni por los “mensajes apocalípticos” que, según él, la mente suele fabricar.
La mente como generadora de miedos irreales
El líder de Defensores de la Patria hace una observación clave: la mayoría de los escenarios catastróficos que imaginamos nunca ocurren. Son construcciones mentales que se alimentan del miedo. En su caso, afirma que dejó de prestarles atención hace tiempo, al punto de que su propia cabeza “se cansó” de enviárselos.
Definirse como estoico no significa vivir desconectado de la realidad. De La Espriella se reconoce como un optimista, pero no como alguien ingenuo. Su optimismo no nace de cerrar los ojos ante los problemas, sino de confiar en la capacidad humana de atravesarlos sin perder el equilibrio.
Por eso critica con fuerza el discurso permanentemente negativo, ese que convierte cualquier dificultad en un anuncio del fin del mundo. Para él, esa mentalidad no solo es improductiva, sino contagiosa. Genera parálisis, no soluciones.
El estrés no es una herramienta
Uno de los razonamientos más claros de su visión es su crítica directa al estrés como mecanismo de acción. Abelardo lo plantea con lógica simple: si estresarse resolviera los problemas, tendría sentido. Pero como no lo hace, es un desgaste inútil.
Cuando algo no depende de uno, estresarse no cambia el resultado. Solo consume energía que podría usarse mejor cuando llega el momento de actuar. El estoicismo, en ese punto, no es resignación, sino eficiencia emocional.
Más que una corriente filosófica, el estoicismo aparece aquí como una estrategia de vida. Una que explica por qué Abelardo De La Espriella se muestra igual de sereno frente a una crisis, un negocio complicado o un desafío público. Porque, al final, el verdadero poder no está en dominar el ruido externo, sino en gobernar el propio interior.
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