28 de enero de 2026.
Aunque el candidato presidencial Abelardo De La Espriella respaldó la incursión militar en Venezuela que terminó con la captura de Nicolás Maduro. advirtió que se niega rotundamente a que haya una incursión o tránsito de tropas extranjeras por territorio colombiano.
Para el líder natural de Defensores de la Patria, su postura obedece a una distinción jurídica, estratégica y democrática que, a su juicio, no admite matices.
Venezuela: una amenaza regional
El punto de partida de su análisis es la caracterización del régimen venezolano al que califica de narcodictadura que representa, además, una amenaza directa para la seguridad hemisférica. Bajo esa lógica, sostiene, es comprensible —y legítimo— que Estados Unidos contemple una acción militar directa en territorio venezolano.
Según explicó, se trata de un asunto de seguridad nacional para los Estados Unidos, dadas las conexiones del régimen con el narcotráfico, el terrorismo y estructuras criminales transnacionales. En ese escenario, De La Espriella afirmó que apoya una intervención que se ejecute en Venezuela y contra el régimen venezolano, sin intermediaciones ni disfraces retóricos.
Colombia no es un teatro de guerra
El respaldo a una incursión en Venezuela viene acompañado de una advertencia tajante: Colombia no puede ni debe convertirse en plataforma militar extranjera. Para De La Espriella, permitir el tránsito o la incursión de tropas por territorio colombiano sería cruzar una línea que compromete la soberanía nacional y pone en riesgo la estabilidad institucional.
Su argumento se apoya en una premisa central: en Colombia aún existe democracia funcional. A diferencia de Venezuela, señaló, en el país siguen operando contrapesos reales como la rama judicial. Esto ha servido —en sus palabras— como “muro de contención” frente a los excesos del gobierno de Gustavo Petro.
A esto se suma la existencia de una Fuerza Pública que, aunque hoy está desmoralizada y desfinanciada, sigue siendo una estructura nacional que no puede ser desplazada ni subordinada por fuerzas extranjeras.
Defensa de la institucionalidad colombiana
De La Espriella fue claro en que su rechazo no es antiestadounidense ni aislacionista. Por el contrario, reiteró que Estados Unidos es un aliado estratégico fundamental. Sin embargo, una cosa es la cooperación y otra muy distinta es ceder el control territorial.
Permitir tropas extranjeras en Colombia, advirtió, implicaría reconocer que el Estado colombiano ha perdido el control de su propio territorio. Es algo que —según él— no es cierto y no puede normalizarse. Colombia, insistió, aún tiene instituciones operando y debe preservarlas, incluso en medio de la crisis de seguridad.
Asimismo, aprovechó para contrastar su postura con la política de ‘paz total’ del gobierno Petro, a la que calificó de desastrosa. Señaló que el Ejecutivo ha optado por sentarse con estructuras criminales sin un marco jurídico claro, sin reglas definidas y sin exigencias reales de sometimiento.
Le preocupa especialmente —dijo— que grupos armados ilegales que han expresado respaldo político al gobierno terminen influyendo en la vida democrática del país, incluso en la definición de quién será el próximo presidente de Colombia.
Para el candidato, este contexto hace aún más peligroso abrir la puerta a tropas extranjeras en territorio nacional: sería sumar un factor de inestabilidad a un escenario ya erosionado por la falta de autoridad y de reglas claras.
Actuar con caracter y ser responsable
De La Espriella fue directo: Venezuela es un problema que debe resolverse en Venezuela. Colombia puede apoyar política, diplomática y estratégicamente, pero sin sacrificar su soberanía ni su institucionalidad.
Apoyar una acción militar externa contra una narcodictadura no implica renunciar al control del propio territorio. Esa distinción, concluyó, es la diferencia entre actuar con carácter y hacerlo con irresponsabilidad.
En su visión, la defensa de Colombia comienza por decir sí a la seguridad regional; pero también por decir no, sin ambigüedades, a cualquier intento de convertir al país en un corredor de guerra.
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