Humildad como herencia: la forma en que Abelardo educa a sus hijos

11 de enero de 2026, 06:15 pm

Lejos de una narrativa de privilegios, Abelardo De La Espriella habla de la crianza que lleva con sus cuatro hijos, una crianza marcada por límites claros, esfuerzo cotidiano y una convicción profunda: hacerle la vida fácil a los hijos es, paradójicamente, la forma más rápida de complicársela.

Aunque reconoce que nunca vivió carencias económicas, el precandidato presidencial fue enfático en un punto: en su casa no hubo despilfarro. “Mi papá siempre nos llevaba cortos y decía: tienen que ganarse las vainas, recordó. Nada sobraba, nada se regalaba sin sentido, y esa misma lógica —dijo— es la que hoy aplica con sus propios hijos.

“No hubo derroche, ni nada extraordinario. Es la misma manera en la que yo estoy criando a mis hijos”, afirmó. Para él, la estabilidad económica no justifica la comodidad excesiva, mucho menos la desconexión con el valor del esfuerzo.

La humildad también se enseña con silencio

Uno de los pasajes más reveladores fue cuando explicó cómo cuidó que sus hijos no crecieran definidos por viajes, apellidos o contextos. Durante años —contó— en sus colegios nadie sabía a dónde viajaban ni cómo lo hacían. No por ocultamiento, sino por convicción.

Siempre les dije que había que tener mucha humildad con esas vainas, señaló. Para Abelardo, la humildad no se enseña solo con discursos, sino con discreción, con la decisión consciente de no convertir la vida privada en una vitrina.

De La Espriella no se define como un padre permisivo. Todo lo contrario. “Yo no soy un padre que esté dando regalos todo el día, los llevo como me cogieron a mí: pita corta”, dijo sin rodeos. Y remató con una frase que resume su filosofía de crianza: “Si tú quieres hacerle la vida difícil a tus hijos, basta con que se las haga fácil”.

Desde su visión, la formación del carácter requiere incomodidad, límites y responsabilidad. El confort constante —advirtió— debilita más de lo que protege.

La educación empieza antes de que nazcan los hijos

Más allá de rutinas y normas, Abelardo planteó una idea de fondo: la crianza no comienza con los niños, sino con los padres. “La educación de los niños empieza 20 años antes, con la educación de sus padres”, afirmó.

Ese principio atraviesa toda su forma de entender la familia: no se trata de exigir lo que no se practica, ni de pedir disciplina sin dar ejemplo. La autoridad, en su caso, se construye con coherencia.

Autoestima: el verdadero legado

Si hay algo que el líder de Defensores de la Patria tiene claro como herencia esencial, no es el dinero ni los contactos, sino la autoestima. “El mayor legado que le voy a dejar a mis hijos es la autoestima”, dijo con convicción. Y explicó cómo trabaja eso de manera individual con cada uno, resaltando talentos, capacidades y fortalezas.

Yo cojo a cada uno por aparte y le digo: tú eres berraca por esto, tú eres inteligente, tú eres brillante”, relató. Para él, un niño seguro de sí mismo tiene más herramientas para enfrentar la vida que uno rodeado de comodidades.

En un país donde el éxito suele confundirse con ostentación, el mensaje de Abelardo va a contracorriente: criar con humildad no es limitar, es preparar. No es negar oportunidades, es enseñar a merecerlas.

Su visión de la familia, lejos de ser anecdótica, explica buena parte de su discurso público: responsabilidad individual, carácter, autoestima y esfuerzo como pilares. Porque, al final, como él mismo lo deja entrever, no se puede aspirar a gobernar un país si primero no se sabe formar personas.

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