11 de enero de 2026, 06:25 pm
El precandidato presidencial Abelardo De La Espriella, se tomó un espacio en su entrevista con Laura Acuña para hablar sin poses ni solemnidad sobre uno de los pilares más sólidos de su vida: su matrimonio con Ana Lucía. Dieciocho años juntos, diecisiete de casados y, según sus propias palabras, atravesando el mejor momento de la relación.
No como un golpe de suerte, sino como el resultado de una elección consciente sostenida en el tiempo.
Crecer juntos, no al mismo ritmo
Abelardo recuerda que Ana Lucía llegó a su vida cuando tenía apenas 18 años. Hoy, con 38, no habla de nostalgia, sino de admiración. “Yo me casé con una niña y ahora estoy casado con una mujer madura, espectacular, divina”, dijo, dejando claro que el paso del tiempo no debilitó el vínculo: lo transformó.
Para él, esa evolución compartida tiene más valor que cualquier ideal romántico congelado en el tiempo. El matrimonio —afirmó— no es estático: se construye mientras las personas cambian.
El precandidato explicó por qué decidió casarse con Ana Lucía. No habló de impulsos ni de romanticismo desbordado, sino de criterio. “Si tú quieres conocer la inteligencia de un hombre, mira con quién se casa”, afirmó.
Y añadió, sin rodeos: “Yo dije: esto no lo dejo pasar, y aquí estoy hace 18 años”. En su visión, el matrimonio no es una casualidad emocional, sino una decisión estratégica de vida.
Amor, familia y estabilidad
Abelardo no separa su vida personal de su carácter público. Habla de su esposa como compañera, madre de sus cuatro hijos y eje de estabilidad. No idealiza el matrimonio, pero lo defiende como una estructura que ordena, sostiene y da sentido.
Lejos del estereotipo del poder o del éxito individual, su relato pone el foco en la constancia, la lealtad y el compromiso. Valores que no se improvisan ni se declaran: se practican.
A diferencia de tantas historias donde el tiempo erosiona, en este caso aparece como un aliado. La relación no se debilitó con los años; se afinó. “Estoy en el mejor momento de mi matrimonio”, dijo sin dudar.
No porque todo sea perfecto, sino porque hay certeza, admiración y una elección renovada cada día. Algo que, en tiempos de vínculos descartables, resulta casi contracultural.
Cuando la vida privada revela carácter
Esta conversación no es una anécdota sentimental. Es una ventana al modo en que el líder de Defensores de la Patria entiende la vida: decidir, sostener y responder por lo que se elige. En la pareja, como en lo público, no cree en atajos ni en improvisaciones.
Porque, al final, la estabilidad personal también es una forma de liderazgo. Y en su caso, empieza hace 18 años, con una decisión que —según él mismo— nunca dudó en tomar.
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