10 de enero de 2026, 06:55 pm
Hay una diferencia sustancial entre administrar problemas y asumirlos. Entre observar el dolor ajeno y cargarlo como propio. El precandidato presidencial Abelardo De La Espriella parte de una premisa incómoda para muchos: nadie resuelve lo que no está dispuesto a sentir.
Lejos del discurso frío o tecnocrático, De La Espriella explicó que su paso por el derecho penal no solo lo formó como abogado, sino que lo obligó a asumir una responsabilidad más profunda: la de vivir los conflictos de otros como si fueran propios. “No hay forma de resolver un problema si no lo haces tuyo”, afirmó mientras marcó una línea que atraviesa toda su trayectoria profesional y hoy se proyecta en su aspiración presidencial.
El problema no es abstracto, es humano
Durante la entrevista, Abelardo recordó que ejercer el derecho penal va mucho más allá de litigar expedientes. Implica enfrentarse a la angustia de familias enteras, a la incertidumbre, al miedo y al desgaste emocional que genera un proceso judicial. “Un proceso penal destruye todo y la familia sufre muchísimo”, señaló, subrayando que el abogado termina cumpliendo múltiples roles: terapeuta, consejero y hasta confesor.
Esa experiencia, explicó, fue determinante para entender que la justicia no puede ejercerse desde la indiferencia. “El abogado debe preocuparse por la suerte del cliente y por la mortificación que sufre su familia”, dijo.
Insistió en que la distancia emocional no es una virtud, sino una falla ética cuando se trata de defender derechos fundamentales. Asimismo, el líder de Defensores de la Patria desmonta una confusión frecuente en el debate público: defender a una persona no significa defender el delito.
De La Espriella fue enfático al afirmar que la justicia se ejerce tanto —o incluso más— cuando se absuelve a un inocente. “No solamente se hace justicia cuando se defiende al culpable; también, y en mayor medida, cuando se absuelve al inocente”, sostuvo.
Apoyándose en una cita clásica del jurista Francesco Carrara, recordó que nadie está exento de ser investigado. “Todo hombre honorable podrá pensar que nunca cometerá un delito, pero hay de aquel tonto que piense que nunca será investigado”. Para Abelardo, esa realidad obliga a entender el derecho como una garantía para todos, no como un instrumento de castigo selectivo.
La causa como compromiso, no como espectáculo
En su visión, hacer propia una causa no implica caer en el dramatismo ni en la defensa ciega. Implica asumir la responsabilidad de proteger derechos, garantías y dignidad humana. “La manera que tiene el abogado de defender es hacer la causa suya, pero no en defensa del delito, sino del ser humano”, explicó, dejando claro que el centro siempre debe ser la persona, no el error.
Esa lógica, según Abelardo, es la misma que debe regir el ejercicio del poder público. Gobernar no puede reducirse a administrar cifras o discursos; exige involucrarse, incomodarse y asumir riesgos. La indiferencia, advirtió, es una forma silenciosa de complicidad.
Lo que emerge de esta reflexión no es solo una mirada sobre el derecho, sino una concepción integral del liderazgo. Para el precandidato, los grandes problemas de Colombia no se resolverán mientras quienes toman decisiones no estén dispuestos a hacerlos propios. Seguridad, institucionalidad, justicia social y democracia requieren algo más que diagnósticos: requieren carácter.
En ese sentido, su mensaje va más allá de la anécdota profesional. Es una declaración de principios: nadie cambia lo que observa desde lejos. Solo quien asume el problema como propio está en capacidad de transformarlo.
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