“El rumbo político lo deciden las mayorías”: la visión democrática de Abelardo De La Espriella

11 de diciembre de 2025, 09:50 pm 

En un escenario político marcado por acuerdos de élites, negociaciones cerradas y decisiones tomadas lejos del ciudadano común, Abelardo De La Espriella plantea una definición de democracia que rompe con las prácticas tradicionales del poder en Colombia. 

Durante su entrevista con Equipo 10AMPRO, el candidato fue claro al afirmar que el devenir político de un país no puede estar en manos de pequeños grupos, sino que debe responder al mandato popular de las mayorías.

Para De La Espriella, la democracia no es un concepto decorativo ni un discurso conveniente cuando los números favorecen a unos pocos. Es, ante todo, el reconocimiento de que la soberanía reside en el pueblo y que las decisiones políticas deben reflejar el sentir mayoritario, incluso cuando ese sentir no coincide con los intereses de las élites políticas o económicas.

Democracia real versus democracia de club

Uno de los puntos centrales de su planteamiento es la crítica directa a la forma en que históricamente se ha ejercido el poder en Colombia. Según el candidato, durante años se ha normalizado que el rumbo del país se defina en reuniones privadas, “encerrados en un salón de un club en Bogotá”, desconectados de la realidad social y territorial.

Esa lógica ha generado una profunda fractura entre la política y la ciudadanía, alimentando la desconfianza institucional y el desencanto democrático. Para De La Espriella, no hay democracia auténtica cuando las decisiones se toman entre cuatro personas, sin consultar ni respetar el mandato popular.

El fervor popular como criterio legítimo

En contraste con esa visión excluyente, De La Espriella reivindica el fervor popular como el verdadero termómetro democrático. En su intervención dejó claro que, si en algún momento ese fervor se inclina hacia otro liderazgo, él estaría dispuesto a respaldarlo sin reparos. No como un gesto táctico, sino como una convicción democrática.

Este planteamiento rompe con la idea del candidato como figura aferrada al poder. Por el contrario, se presenta como alguien que entiende la política como un proceso dinámico, donde la legitimidad no se hereda ni se negocia en privado, sino que se construye y se mantiene con el respaldo ciudadano.

Otro aspecto relevante de su reflexión es la crítica a quienes defienden la democracia únicamente cuando los resultados les son favorables. De La Espriella cuestiona abiertamente a sectores que celebran encuestas, consultas o mecanismos democráticos cuando los benefician, pero los deslegitiman cuando dejan de hacerlo.

En ese punto, su mensaje es contundente: la democracia no es selectiva ni condicionada. O se acepta plenamente —con todas sus consecuencias— o se convierte en una simple herramienta retórica al servicio de intereses particulares.

Para el líder de Defensores de la Patria, el problema de fondo en Colombia no es la falta de normas democráticas, sino la distorsión de su espíritu, cuando se reemplaza la voluntad mayoritaria por acuerdos entre dirigentes que no representan el sentir nacional.

Una democracia que se practica, no que se proclama

En su visión, ser “un demócrata de verdad” implica coherencia: aceptar los resultados, respetar las mayorías y entender que el poder político es transitorio y condicionado al respaldo ciudadano. Esta postura, más que una consigna, busca posicionarse como una crítica estructural a la forma tradicional de hacer política en el país.

De La Espriella insiste en que la verdadera democracia incomoda, porque obliga a ceder, a escuchar y a reconocer cuando el pueblo decide otro camino. Precisamente por eso —sostiene— es el único sistema legítimo para definir el rumbo político de Colombia.

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