07 de febrero de 2026.
Colombia no tiene un problema técnico: tiene un problema de enfoque. El desorden fiscal que hoy asfixia al país no se resuelve con más impuestos, más endeudamiento ni más improvisación. Se resuelve con una decisión clara: administrar el Estado como lo que es, la empresa más importante de la Nación.
Esa es la base de la propuesta fiscal del candidato presidencial Abelardo De La Espriella, quien ha planteado una ruta directa y comprensible para sanear las finanzas públicas sin castigar al ciudadano ni paralizar la economía. La fórmula no es nueva, pero sí eficaz: reducir el tamaño del Estado, bajar impuestos y reactivar la economía real.
De La Espriella parte de una premisa incómoda pero verificable: el Estado colombiano está inflado. Hoy existen más de 700.000 funcionarios y contratistas que, en muchos casos, duplican funciones, generan costos innecesarios y no aportan valor real a la ciudadanía. Hay entidades donde tres personas hacen exactamente lo mismo.
En cualquier empresa privada, ese nivel de ineficiencia conduciría a la quiebra. En el Estado, se traduce en déficit fiscal, endeudamiento y presión tributaria sobre quienes sí producen. Por eso, la propuesta es clara: una reducción del Estado de hasta un 40 %, orientada a eliminar duplicidades, contratos políticos y burocracia improductiva.
No se trata de debilitar al Estado, sino de volverlo funcional.
Menos impuestos para que la economía respire
El segundo eje del plan fiscal apunta a una verdad elemental: no se puede recaudar más asfixiando al que produce. Colombia mantiene impuestos que no existen en economías competitivas o que castigan directamente la actividad económica cotidiana.
Entre ellos, el impuesto del 4×1000, que cobra por mover el propio dinero, y la carga impositiva sobre los combustibles, donde más del 50 % del precio del galón corresponde a impuestos. Para De La Espriella, este esquema no solo es injusto, sino profundamente contraproducente.
Reducir impuestos no es un capricho ideológico: es una estrategia de crecimiento. Con menos carga tributaria, la inversión regresa, la economía se mueve y el Estado termina recaudando más por vía del crecimiento, no del castigo.
Seguridad jurídica y física: la base de la confianza
Ninguna reforma fiscal funciona sin un elemento central: la seguridad. Seguridad para invertir, para producir y para trabajar. Seguridad jurídica para que las reglas no cambien según el humor del gobierno de turno. Seguridad física para que el crimen no controle territorios ni economías.
La propuesta es directa: sin seguridad, no hay inversión; sin inversión, no hay empleo; y sin empleo, no hay impuestos sostenibles. Por eso, la política fiscal de Patria Milagro está inseparablemente ligada a la recuperación del orden y la autoridad del Estado.
El plan fiscal no se queda en el recorte. Incluye una reactivación decidida de los sectores estratégicos que generan ingresos reales al país: hidrocarburos, minería responsable, infraestructura y vivienda.
Colombia produce hoy cerca de 700.000 barriles diarios de petróleo, pero podría producir casi el doble aplicando técnicas como el fracking con responsabilidad ambiental, tal como ocurre en Estados Unidos y Australia. Además, el país importa gas teniendo reservas explotables.
A esto se suma la reactivación del sector de infraestructura y vivienda, que genera empleo masivo, dinamiza la economía y amplía la base tributaria.
La propuesta fiscal del candidato no promete milagros artificiales. Propone orden, coherencia y crecimiento. Reducir el gasto improductivo, aliviar la carga sobre el ciudadano, recuperar la confianza y permitir que la economía haga lo que sabe hacer: generar riqueza.
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