07 de febrero de 2026.
El candidato presidencial Abelardo De La Espriella plantea mejorar las condiciones de vida de los colombianos, especialmente de los más humildes, pero con sustento económico, responsabilidad macroeconómica y visión empresarial.
Su mensaje parte de una premisa clara, el bienestar social no se decreta, se construye. Y se construye con economía sana, empleo real y oportunidades productivas, no con ilusiones financiadas con déficit.
De La Espriella es enfático en algo que suele incomodar en la política tradicional, ayudar a los sectores más vulnerables no puede hacerse desde la irresponsabilidad fiscal. Para él, cualquier política social que no tenga respaldo macroeconómico termina siendo una estafa moral para quienes más necesitan estabilidad.
“No soy un mercader de ilusiones”, afirma, retomando una idea histórica que resume su postura: gobernar no es prometer lo que no se puede cumplir, sino generar condiciones reales para que las personas mejoren su vida de forma sostenible.
El problema no es el sistema, es el hambre
En Colombia, millones de personas se acuestan con una sola comida al día. En barrios de grandes ciudades, hay familias que cocinan con periódico. Para De La Espriella, eso no es una discusión ideológica ni técnica: es una falla moral del Estado.
El país tiene tierras fértiles, recursos naturales, ubicación privilegiada y capacidad productiva. Lo que no ha tenido, sostiene, es un modelo que convierta esas ventajas en prosperidad real para las familias.
La diferencia central de su propuesta está en el enfoque. De La Espriella no plantea un Estado que entregue subsidios eternos sin salida productiva, sino uno que forme emprendedores, facilite crédito, incentive la empresa y permita que la gente progrese por su propio esfuerzo.
Su visión es clara, un país de emprendedores y empresarios genera más riqueza, más empleo y más dignidad que un país dependiente del cheque estatal. El rol del gobierno, entonces, no es repartir limosnas, sino dar herramientas para que cada familia pueda cambiar su destino.
Crédito, vivienda y competencia real
Uno de los puntos más concretos de su propuesta es el acceso al crédito. Hoy, señala, miles de colombianos no pueden tener vivienda porque enfrentan tasas de interés prohibitivas. Su planteamiento es simple y disruptivo: si la banca local no presta a tasas razonables, se abre el mercado a bancos extranjeros que sí lo hagan.
La competencia, sostiene, baja tasas, amplía oportunidades y rompe monopolios financieros que han asfixiado a la clase media y a los sectores populares durante años.
En ese mismo sentido la propuesta del candidato es aplicar criterio empresarial al manejo del Estado, no para privatizarlo indiscriminadamente, sino para hacerlo eficiente, sostenible y orientado a resultados. El Estado no crea riqueza, pero sí puede crear —o destruir— las condiciones para que otros la creen.
El líder del movimiento Defensores de la Patria no se presenta como vocero de grandes capitales ni como heredero de estructuras políticas tradicionales. Se define como alguien que viene de afuera, sin dueños, sin compromisos ocultos y con una sola prioridad: los intereses superiores de la República y las necesidades de la gente más humilde.
Para De La Espriella, Colombia no es un país condenado al fracaso. Es una nación con océanos, tierras fértiles, fuentes hídricas, biodiversidad y, sobre todo, una población trabajadora y resiliente. El problema no es la falta de potencial, sino la falta de visión.
Porque, como insiste, Colombia tiene todo para convertirse en una patria milagro, si se gobierna con seriedad, carácter y sentido común.
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