El éxito en cualquier empresa, ya sea personal, empresarial o, como propone el precandidato presidencial y líder de Defensores de la Patria, Abelardo De La Espriella, la administración de un país, se basa en dos pilares fundamentales: la disciplina y un componente de terquedad inquebrantable. Para De La Espriella, todo lo que vale la pena en la vida requiere de esta combinación virtuosa.
“Todo en la vida es disciplina y algo de terquedad”, asegura el líder. Esta última cualidad es necesaria para contrarrestar el pesimismo social que busca detener al soñador. El 90% de la gente siempre tendrá una voz que dirá: “Eso es difícil, eso no se puede, eso es imposible, te vas a enredar”. La terquedad, en este contexto, es la fortaleza para ignorar esas voces y seguir adelante.
El propósito central de esta filosofía es simple, pero profundo: evitar las “asignaturas pendientes”. De La Espriella enfatiza que la vida es una sola y debe ser disfrutada al máximo, y parte esencial de ese “adecuado gozo y disfrute” está en cumplir los sueños y no “quedarse nada en el tintero”.
El peor fastidio es “pasarse la vida quejándose por lo que no se hizo”. Por ello, el líder aconseja que es “mejor arrepentirse por lo que se hizo que por lo que se dejó de hacer”. En cualquier caso, si la acción se realiza con propósito, siempre dejará un “saldo positivo a tu favor”, incluso si el negocio fracasa.
También te puede interesar: De La Espriella: un candidato único frente al “heredero político de Petro, Iván Cepeda”
La virtud de la disciplina en el liderazgo
La disciplina no es solo una clave para el éxito personal del líder de Defensores de la Patria, sino el rasgo distintivo que lo separa de la clase política tradicional y lo legitima para dirigir la nación. De La Espriella atribuye a la “disciplina, dedicación y pasión” el éxito en su carrera como abogado y empresario.
Para él, la disciplina es el fundamento del verdadero liderazgo. Un líder debe estar guiado por la sabiduría, la virtud y, especialmente, el carácter. Sostiene que la solución a los problemas del país es conocida por muchos, pero lo que falta es el ingrediente más importante: “La autoridad, el valor, el coraje, la ardentía, la decisión y el carácter” para ejecutar. Su propio comportamiento, que describe como la pasión y el esfuerzo propios del “alma de la colombianidad”, ejemplificada en el “modelo antioqueño” (paisa), lo posiciona como un ejecutor disciplinado y enfocado en resultados.
El precandidato presidencial ve una correlación directa entre la falta de orden en la vida pública y una profunda crisis moral y espiritual que atraviesa Colombia. El Estado, al igual que la educación o la familia, requiere calma y disciplina en su administración. En contraste con los líderes “desordenados y sin virtudes”, De La Espriella ofrece una gestión pública marcada por el orden y la coherencia.
Determinación frente a la crisis de valores
El componente de terquedad de esta filosofía se traduce en una determinación inquebrantable frente a la adversidad. El líder de Defensores de la Patria ha hecho de su resiliencia una marca personal. Asume los negocios y la vida como un proceso de “equivocarse y acertar”, donde el éxito se logra al “no aburrirse de los fracasos” y seguir adelante.
Su actitud frente a los ataques y las dificultades se sintetiza en su famosa metáfora: “Soy tan jodido que cuando me tiran piedras hago esculturas y las vendo caras”. Esta determinación es la que el precandidato presidencial ofrece a Colombia: la voluntad de enfrentar los desafíos con disciplina, con la terquedad de quien se niega a fracasar y con la autoridad de un líder que no se doblegará ante las presiones, en defensa de los valores fundacionales de la República.
Súmate al ejército de Defensores de la Patria y trabajemos juntos por una Colombia más segura, próspera y justa.