09 de febrero de 2026.
El candidato presidencial y líder del movimiento Defensores de la Patria Abelardo De La Espriella lanzó un reto público a Iván Cepeda: sentarse en un debate abierto para responderle a Colombia sobre los temas de fondo que hoy preocupan a los ciudadanos.
El candidato fue claro en su postura. Participará cuando el escenario esté definido y cuando el debate tenga sentido para el país, no como un ejercicio de vanidad política sino como un acto de responsabilidad democrática. Mientras tanto, su prioridad sigue siendo recorrer el territorio, escuchar a la gente y consolidar un proyecto nacional.
Un debate necesario, no un show político
De La Espriella cuestiona que Cepeda haya evitado pronunciarse con claridad sobre asuntos críticos como la crisis del sistema de salud, la inseguridad creciente y el respaldo político a regímenes autoritarios en la región. Para él, quien aspira a gobernar o a heredar el poder tiene la obligación de someterse al escrutinio público.
“Que venga y hablemos de frente sobre los problemas que aquejan a Colombia”, dijo De la Espriella tras insistir en que el país no necesita más discursos evasivos ni silencios estratégicos. Necesita respuestas.
La propuesta va más allá de una invitación genérica. De La Espriella planteó a Cali como escenario para ese debate, una ciudad golpeada por la violencia, la crisis social y el abandono institucional. Un lugar donde las palabras deben medirse frente a la realidad y no frente a auditorios complacientes.
Allí, sostiene, Cepeda debería explicar si defiende el estatismo que termina controlando la vida de los ciudadanos, si respalda modelos de “paz” que han derivado en más guerra, y si sigue justificando alianzas políticas que han debilitado la democracia.
Debate entre modelos, no entre egos
El fondo del reto es político, no personal, siendo el debate entre dos visiones de país: una que normaliza la expansión del Estado, la negociación con criminales y la ambigüedad frente a las dictaduras; y otra que propone autoridad, seguridad, libertad económica y respeto por la institucionalidad.
Por eso insiste en que no se trata de debatir con todos, sino de hacerlo con quien hoy representa el proyecto que pretende continuar el rumbo actual. Cepeda, en ese sentido, no es un actor secundario, sino una figura central que debe asumir su responsabilidad frente al electorado.
“Aquí está el Tigre”
De La Espriella no impone condiciones: Cepeda puede escoger el lugar, los temas y el formato. La única exigencia es que dé la cara al país y deje de esquivar el debate de fondo.
El reto de un debate en campañas marcadas por la polarización deja una pregunta abierta: ¿habrá debate de ideas o se seguirá gobernando —y aspirando— desde el silencio estratégico?
Mientras tanto, la postura queda clara: el Tigre está listo. Firme por la Patria.
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